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martes, 28 de enero de 2020

Incendios, lluvia de ceniza, inundaciones y tormentas de polvo: dos semanas en la Australia apocalíptica

Además de los incendios forestales, las condiciones meteorológicas están oscilando entre extremos en Australia mientras la población se pregunta qué será lo próximo. El lodo y la ceniza arrastrados por la lluvia han matado a cientos de miles de peces, y la tormenta de granizo ha destrozado árboles y ha matado a cientos de murciélagos. Desde que comenzaron los incendios en octubre, han fallecido como mínimo 32 personas y mil millones de animales.

Numerella, Australia: George Burchell nada en el riachuelo Yarrangobilly en las montañas nevadas el primer día en que la autopista de las montañas nevadas se reabre tras un incendio forestal en Nueva Gales del Sur, el 13 de enero de 2019. KIRAN RIDLEY/EUROPA PRESS

En Australia, hablar del clima este verano lleva inevitablemente a hablar del apocalipsis. "¿Cuánto falta para la plaga de langostas?", bromea un residente de Sídney al enterarse de que su ciudad recibirá otra tormenta de granizo gigante justo un día después de que el humo tóxico dejara a la gente encerrada en casa, sin poder refrescarse en la playa pese a los 40 grados de temperatura.
Un camarero sirviendo cafés se fija en las manchas que la lluvia de ceniza deja como pecas en la piel de los clientes fuera del establecimiento. La lluvia de ceniza, un fenómeno tan común que resulta extraño pensar que necesita explicación, es lo que se genera cuando las precipitaciones incorporan el humo, la suciedad y los escombros carbonizados que flotan sobre ciudades y pueblos debido a los gigantescos incendios forestales. Los expertos advierten de que podría tener un impacto devastador sobre el suministro de agua.
El camarero sirve los cafés recurriendo al humor negro: "¿Y ahora qué? ¿Lluvia con SARS [síndrome respiratorio agudo grave, generado por un tipo de coronavirus]?". Son las preguntas desesperadas de este terrible verano australiano al que aún le queda mucho para terminar: ¿qué será lo próximo? ¿Ahora qué vendrá? ¿Qué más tendremos que aguantar?
Lo más evidente y devastador ha sido la tragedia de los incendios forestales. El pasado jueves murieron otras tres personas debido al fuego. Eran tres bomberos estadounidenses que se estrellaron con su avión cisterna. Desde que comenzó el fuego en octubre, han fallecido como mínimo 32 personas y mil millones de animales. En los estados del sudeste australiano se han perdido prácticamente ocho millones de hectáreas, una superficie ligeramente inferior a la de Andalucía.
Pero luego ha venido todo lo demás, con Australia oscilando de forma desesperante de unas condiciones meteorológicas extremas a otro. El pasado miércoles, Melbourne sufría inundaciones repentinas mientras a escasos 200 kilómetros de allí los brutales incendios arrasaban comunidades remotas.
Al día siguiente llegó la lluvia a Sídney. La primera cantidad de agua importante que veía la ciudad y las calcinadas inmediaciones en lo que iba de verano. No alcanzó para apagar los incendios, pero fue un alivio para la población y los niños que chapoteaban en los charcos. También para los bomberos, que aprovecharon el aguacero para controlar la propagación del fuego.

De las inundaciones al polvo y el granizo

Aunque parezca un sacrilegio decirlo, luego están los inconvenientes de la lluvia. El lodo y la ceniza de los incendios forestales fueron arrastrados hasta ríos y canales matando a cientos de miles de peces autóctonos. Despojada de matorrales y maleza por el fuego, la tierra no pudo impedir que se formaran inundaciones repentinas debido a la lluvia. En un parque de animales al norte de Sídney, las inundaciones elevaron el agua en el espacio de cocodrilos hasta un nivel en que los cuidadores se vieron obligados a enfrentarlos con escobas para que salieran de las orillas y volvieran al agua.
Y justo cuando la gente se recuperaba del azote de la lluvia, vino lo siguiente: una potente tormenta de polvo que atacó por el horizonte plano y marrón del oeste de Nueva Gales del Sur, un territorio afectado por la sequía. Ese mismo día llegó el granizo a Melbourne. Trozos de hielo enormes, del tamaño de pelotas de golf, golpeando la tierra.
Fuertes lluvias dan alivio a zonas devastadas por incendios en Australia EFE
Un día después la tormenta de granizo llegó a Canberra destrozando árboles, rompiendo parabrisas y, trágicamente, matando a cientos de murciélagos en un nuevo episodio de pérdida de biodiversidad. Al oeste de Sídney, donde en esta temporada de incendios las Montañas Azules han perdido el 80% de un bosque patrimonio mundial, dos personas fueron hospitalizadas tras ser alcanzadas por rayos durante la tormenta.
La gente de Melbourne se despertó el pasado jueves con el Yarra, el río que serpentea por el centro de la ciudad, de color marrón. La lluvia, marrón debido a las tormentas de polvo, había caído por toda la ciudad y convertido en lodo piscinas y bebederos de los pájaros.
Bombala, Australia: El cementerio de la pequeña ciudad de Bombala que estaba amenazado de incendio el 15 de enero de 2019.. KIRAN RIDLEY/EUROPA PRESS
A finales de la semana pasada, los incendios continuaban causando estragos en el este del país. La gente aún se asfixia con el aire sofocante y cargado de partículas y parece probable que, a partir de esta semana, la ola de calor del oeste se extienda a la costa oriental, lo que hace temer por un empeoramiento de las condiciones.
El inimaginable y devastador verano sigue y el final aún no está a la vista. La población australiana se está haciendo grandes preguntas, como si será posible o no recuperar un día las arrasadas tierras y la asolada vida silvestre; o si la crisis terminará empujando al Gobierno a tomar medidas por la crisis climática. También se preguntan por cosas cotidianas, como qué tiempo hará hoy; en qué niveles está la calidad del aire; o qué incendios hay cerca según una aplicación de teléfono. Nuestras preguntas son las mismas: ¿qué será lo próximo? ¿Ahora qué? ¿Qué más?
Traducido por Francisco de Zárate
Kate Kyons - Sidney (Australia)

miércoles, 8 de enero de 2020

Australia en llamas: una catástrofe para la salud, la economía y la biodiversidad

El sureste australiano está siendo azotado por las llamas desde el pasado mes de octubre, se trata de una catástrofe sin precedentes y que puede extenderse a otras partes del mundo. Este año hemos vivido nuevos récords de sequía, así como de temperatura, lo que ha transformado estos bosques en altamente inflamables. Los incendios forestales importantes también crean problemas importantes para la salud y pueden incluso desembocar en muertes neonatales así como en adultos por problemas cardiorespiratarios.

Un bombero intenta sofocar un incendio en Bilpin, Australia DAN HIMBRECHTS / AAP / DPA

Seguramente ésta sea la primera vez en nuestras vidas que vemos arder, incesantemente, durante meses, el mismo rincón del planeta. El sureste australiano está siendo azotado por las llamas desde el pasado mes de octubre. Se trata de una catástrofe sin precedentes y que puede extenderse a otras partes del mundo.
Los bosques arden. Es algo natural y generalmente positivo puesto que los incendios llevan en nuestro planeta 400 millones de años, tanto tiempo como las plantas terrestres. Muchas plantas y animales dependen de los incendios para su ciclo vital. El problema se produce cuando los incendios ocurren fuera del régimen histórico al que los bosques están acostumbrados.
Para los bosques, dicho régimen consiste en que el 1% de su superficie, o menos, arde anualmente. Pero en el estado de Nueva Gales del Sur (NGS) ha ardido un porcentaje mucho mayor solo en esta temporada de incendios: unas 4 millones de hectáreas, que equivalen al tamaño de Extremadura.
Además, los fuegos en los eucaliptales que predominan en NGS, históricamente, se propagan principalmente por la superficie del bosque: la hojarasca y el estrato arbustivo, mientras que la copa de los árboles quemaba posteriormente. Sin embargo, es inusual encontrar áreas extensas donde se han quemado por completo las copas de los árboles en incendios de alta intensidad, como está ocurriendo este año.

El cambio climático como causa

¿Y por qué se están produciendo ahora estos incendios sin precedentes? Los bosques de Nueva Gales del Sur almacenan la suficiente biomasa, o combustible, como para crear incendios de gran envergadura. Sin embargo, estos incendios son raros porque, generalmente, la vegetación no está lo suficientemente seca como para que se puedan producir estos "gigaincendios".
Pero este año hemos vivido nuevos récords de sequía, así como de temperatura (que es particularmente importante para secar la hojarasca en la superficie del bosque), lo que ha transformado estos bosques en altamente inflamables.
Además, a medida que avanza el cambio climático, la atmósfera se vuelve más inestable. Esto favorece la generación de pirocúmulos, o nubes de humo, que pueden dar lugar a verdaderas tormentas de fuego, como se ha registrado en los incendios australianos de este año.

Incendios forestales y urbanismo mal planificado: receta para la desgracia

Estos incendios crean graves problemas a la sociedad debido a un modelo urbanístico "horizontal" (en casas) y no "vertical" (en pisos). Mientras que en Sidney viven unos 5 millones de personas a lo largo y ancho de 12 mil kilómetros cuadrados, en Madrid hay unos 6,5 millones de habitantes que ocupan unos 5 mil kilómetros cuadrados.
Esto implica que Sidney está dominada por urbanizaciones que en muchos casos colindan con el bosque. Estas zonas, denominadas de interfaz urbano-forestal, son particularmente vulnerables ya que en ellas se concentra el mayor número de viviendas calcinadas, con el consecuente riesgo para la población.
Vivir en estas urbanizaciones no es una imprudencia de por sí: se pueden tomar medidas para disminuir el riesgo de perder la vivienda. Pero es importante entender que estas medidas siempre serán una forma de mitigar el riesgo, nunca de eliminarlo por completo y en algunos casos serán insuficientes.

Una catástrofe para la salud, la economía y la biodiversidad

Los incendios forestales importantes también crean problemas importantes para la salud y pueden incluso desembocar en muertes neonatales así como en adultos por problemas cardiorespiratarios. Anualmente fallecen unas 339.000 personas por inhalación de humos derivados de los incendios en todo el planeta. Cabe esperar que, en ciudades como Canberra, la capital del país, nos encontremos con aumentos importantes en los ingresos hospitalarios por este problema ya que esta ciudad ha pasado a encabezar el ranking de las ciudades más contaminadas del mundo.
Los efectos de los incendios sobre la economía serán igualmente nocivos y se trasladarán a prácticamente todos los sectores productivos. Durante los incendios, el transporte se ve interrumpido y se reduce el consumo, por lo que muchos sectores se ven alterados. Se estima que, con los incendios actuales, el PIB de Sidney disminuya hasta 50 millones al día, lo que equivale al 4% del PIB de la ciudad.
Los incendios se concentran en la época veraniega, por lo que el sector turístico se verá particularmente afectado. Incluso el sector de la aviación deberá adaptarse a esta circunstancia, puesto que los radares que avisan de las tormentas no están preparados para captar las nubes de humo, pirocúmulos, que se desarrollan en estos gigaincendios.
A nivel ecológico, cabe esperar que los marsupios arbóreos sean quienes se lleven la peor parte. Especies como los emblemáticos koalas, o los planeadores, no pueden escapar de las llamas por lo que son particularmente vulnerables. Desconocemos hasta qué punto la vegetación se recuperará tras el incendio. Generalmente, la recuperación es rápida, ya que las plantas australianas son capaces de rebrotar o de regenerar tras el fuego (aunque hay excepciones).
Sin embargo, la sequía extensa que ha precedido a los incendios puede haber agotado las reservas necesarias para rebrotar. Asimismo, la regeneración por semilla puede verse afectada, ya que la intensidad de los gigaincendios ha eliminado los árboles madre (aquellos árboles que sobreviven al incendio y que aportan semillas tras el paso de las llamas).

Europa puede afrontar escenarios parecidos

Es indudable que las diferencias entre los paisajes australianos y los europeos son importantes, por lo que es poco probable que aquí experimentemos gigaincendios que duren meses en un futuro cercano. Sin embargo, a medida que se seca la vegetación, aumentará la probabilidad de que se produzcan incendios de estas características en zonas con alta carga de vegetación que, actualmente, están libres del fuego. Estamos hablando de áreas como los Pirineos o el centro de Europa, que pueden experimentar grandes fenómenos en cuestión de años o décadas, poniendo en riesgo a la población.
Los primeros megaincendios acompañados con pirocúmulos y grandes tormentas de fuego llegaron a Europa en el año 2017, donde dejaron un comportamiento del fuego inusitado en Portugal. Si no combatimos el cambio climático de forma urgente y drástica, como ya describimos en otro artículo, cabe esperar que vivamos escenarios parecidos a los australianos en un futuro cercano. Estamos jugando con fuego.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el original aquí.
Fuente: eldiario.es/

lunes, 9 de diciembre de 2019

La destrucción masiva de bosques lastra los esfuerzos globales para contener la crisis climática

La deforestación liberó el año pasado 4,6 gigatoneladas de CO2, el equivalente a las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea. El ritmo de pérdida de bosques es el doble del convenido para 2020 en la Declaración de Nueva York: 26 millones de hectáreas frente a un límite de 10 millones. Los bosques tienen dos amenazas encima: la necesidad de espacio abierto para la industria agroganadera a gran escala y el tráfico ilegal de maderas de lujo.

Tala forestal en Cachemira

La destrucción masiva de los bosques del planeta (cuyo ritmo apenas afloja) dificulta mucho alcanzar los objetivos de lucha contra la crisis climática marcados en el Acuerdo de París. La pérdida de 26 millones de hectáreas de bosque el año pasado supuso la emisión de 4,6 gigatoneladas de gases de efecto invernadero4.600 millones de toneladas de CO2 más a la atmósfera.
A base de incendios para abrir campos a la agricultura y la ganadería o talas ilegales para alimentar el tráfico de madera, la destrucción global de bosques es todavía más del doble del objetivo convenido para 2020 en la Declaración de Nueva York de 2014: limitar la deforestación a 10 millones de hectáreas.
"Detener la deforestación es una parte crucial para cumplir los objetivos de mitigación del cambio climático y conseguir mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC", se explicaba la declaración. "La pérdida de bosques es la segunda causa principal del cambio climático después de la quema de combustible fósiles", remachan los informes en la FAO. "Más que el sector del transporte".
Hilera de camiones en el Amazonas / IA.
El carbono está retenido en los árboles y, al destruirlos, se libera. "Reducir la deforestación y la degradación de los bosques reduce las emisiones de gases de efecto invernadero con un potencial que varía entre las 0,4 y las 5,8 gigatoneladas al año", calculan los técnicos del Panel de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU. Que, además, añaden que una buena gestión de las masas boscosas ayuda a mantener el carbono almacenado. "Todos los modelos para contener el calentamiento en 1,5ºC implican reducir la deforestación", rematan.
A pesar de que estas emisiones se han contenido en 2017 y 2018, son muy superiores a las que se contabilizaron hace solo cinco años: en 2014 llegaron a las 3 gigatoneladas. Los bosques de la Unión Europea, por ejemplo, absorben hasta un 10% de la emisiones de gases. España está justo en la media europea. Los científicos calculan que los árboles tienen la capacidad de contener hasta un 25% del CO2 necesario para limitar el calentamiento de la Tierra a 1,5ºC.
Carne y lujo
Los bosques padecen dos amenazas fundamentales. Ocupan espacio deseado por la industria de la ganadería y la agricultura a gran escala y, por otro lado, están compuestos de una materia prima, mucha veces, de gran valor: la madera exótica.
Hasta un cuarto de la pérdida de bosque tropical hasta el año 2012 estuvo relacionada con destrucciones ilegales. Soja, ternera, aceite de palma o maderas tropicales provenientes de la deforestación ilegal supusieron unas exportaciones de más de 5.400 millones de dólares.
Pero la devastación forestal va más allá de la agricultura. Actualmente, el tráfico ilegal de madera supone entre el 15 y el 30% de todo el comercio mundial de este producto. La Interpol calcula que este contrabando mueve entre 5.000 y 15.000 millones de dólares cada año. Gran parte viene del Amazonas. Allí, Brasil ha perdido 1,62 millones de hectáreas de selva cada año desde 2014. Bolivia, 180.000, Perú otras 140.000 hectáreas anuales.
Deforestación para una plantación de producción de aceite de palma en Papúa. ULET IFANSASTI / GREENPEACE
En el sudeste de Asia, Indonesia destruye de media 610.000 hectáreas de su bosque tropical aunque en 2018 consiguió un récord positivo. Sin embargo, "entre el 40 y el 60% de sus exportaciones son de madera ilegal", resume la organización policial.
Los informes sobre el terreno de la ONU en Indonesia explican así la compleja cadena de la madera ilegal: "El tráfico ilegal de madera es un delito muy complejo. No solo porque están implicados grupos transnacionales bien relacionados, sino porque también existe un mercado global de productos de madera. Existen pequeños grupos con motosierras que talan tres o cuatro árboles al día. Cientos de estos grupos operando a diario. Luego hay grupos mayores que tienen embarcaciones para arrastrar la madera. Y grupos más grandes que, además, tienen licencias para talar. Pero cuánta madera ilegal se mezcla con madera legal es algo que nadie sabe. Estas grandes corporaciones convierten el terreno en plantaciones de palma".
Deforestación en Madagascar.
El negocio ilegal de la madera no se limita a las selvas tropicales. El bosque boreal del hemisferio norte tiene su parte: en Rusia, un cuarto de sus exportaciones de madera son de árboles talados sin permiso. Aunque la principal causa de desaparición de bosque boreal ruso es el fuego (unos tres millones de hectáreas anuales), "las talas alimentadas por el beneficio económico se han convertido en una importante vía de deforestación", según lo describía el Programa de estudio del suelo de la NASA.
En la Unión Europea, el mes pasado, dos agentes ambientales en Rumanía murieron en sendos incidentes relacionados con la tala ilegal de los bosques primarios del este de Europa. La situación de expolio de los bosques sacó miles de rumanos a las calles de Bucarest y otras ciudades para protestar por la expansión de las talas ilegales. En 2018, el Tribunal de Justicia Europeo declaró fuera de la ley las talas en el bosque polaco de Bialowieza promovidas por el propio Ejecutivo del país.
Sin embargo, la destrucción forestal en 2019 no parece que haya remitido. En Brasil, solo el pasado julio se perdieron 230.000 hectáreas, según los datos del propio Gobierno brasileño. En 2018 fueron 600. Al mes siguiente fueron otras 170.000. El curso anterior habían desaparecido algo más de 500.

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martes, 19 de febrero de 2019

Alcalde de Cochrane pide ayuda internacional para enfrentar incendio y dice que “está descontrolado”


El incendio forestal en Colonia Sur en la comuna de Cochrane, Región de Aysén, ha consumido 12.148 hectáreas, según información preliminar de la Conaf.
La cifra, no obstante, dista de los cálculos que hace el alcalde Patricio Ulloa (UDI), quien asegura que el fuego ya arrasa con “más de 20 mil hectáreas”.
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En conversación con radio Universo, señaló que “yo entiendo que la Onemi o la Conaf quienes están a cargo de estos incendios hacen reportes diariamente y van haciendo las mediciones del perímetro, pero ayer creo que no hicieron medición.
Yo estuve en el sector de Colonia Sur, entré por el sur, sector muy escarpado, a caballo, durante cinco horas y pude constatar el gran avance que está teniendo en ese sector el fuego”.
“Por lo mismo me atrevo a decir que con esa agresividad y ese avance que tenía el fuego el día de ayer, van más de 20 mil hectáreas quemadas en la comuna de Cochrane. Esto es un incendio sin control”, añadió.
Asimismo, el jefe comunal afirmó que el Ten Tanker no ayuda mucho dado los terrenos de grandes pendientes.
“Mire hay un solo dato, la primera descarga que hizo el Ten Tanker acá, iban cerca de diez mil u once mil hectáreas. Hoy día me atrevo a decir que van más de 20 mil hectáreas consumidas en Cochrane”, insistió.
El jefe comunal manifestó que “este es un incendio que no se apaga, que no se va a apagar con los medios que se han dispuesto hoy en día. Yo lo vengo diciendo hace dos días, he estado en terreno, sobre todo en la parte sur de este incendio y en ese lugar tenemos un incendio absolutamente descontrolado, que avanza con una agresividad enorme”.
“Hacemos un llamado quizás muy desesperado al gobierno, lo hablé con el ministro de Agricultura (Antonio Walker), ayer en la tarde le mandé un mensaje al director ejecutivo de la Conaf, para que tomen las medidas, no esperemos que pase una situación más trágica, (…) es el momento de que el gobierno pueda pedir ayuda internacional si no está en Chile”, añadió.
Consultado sobre la ayuda internacional que reclama, dijo que “si nos están diciendo que en Chile hoy en día no hay aeronaves de mayor peso, contraten en el extranjero. No podemos seguir esperando que aumente el número de hectáreas quemadas, más de 20 mil hoy día y en una semana más podríamos tener 30 mil”.
Y reiteró que hubo una reacción tardía: “¿Qué duda cabe que esto fue tardío? Entiendo que en las emergencias es difícil llegar a tiempo, pero cuando se comunica la emergencia, el primer día se quemaron cerca de 4 mil hectáreas, entonces ya era un incendio descontrolado, nos llegó la ayuda al séptimo, octavo día, con una mayor cantidad de naves donde poco se podía hacer y venía con rumbo a la ciudad y ahí se centraron todos”.
TEN TANKER VERSUS HELICÓPTEROS
Ulloa dice que el trabajo de los helicópteros ha sido bien valorado, aunque sostiene que estas aeronaves deben ser de mayor envergadura, debido a las ráfagas que existen en la zona y que en algunas oportunidades superan los 120 km/hr.
“Ayer hubo una racha de 120 kilómetros por hora, hoy amanecimos también con un clima bastante complejo desde el punto de vista del viento. Eso dificulta el trabajo de las aeronaves que en algunos casos son muy pequeñas, la mayoría de los helicópteros que están acá cargan solamente mil litros de agua, son aeronaves muy pequeñitas y las condiciones climáticas de viento dificultan su trabajo”, aseguró.
“Está operando el Ten Tanker, pero ustedes comprenderán que la geografía que tiene la Región de Aysén, con terrenos muy escarpados, donde se está desarrollando este incendio de gran magnitud, con mucha pendiente, me atrevo a decir que la descargas que hace el Ten Tanker no ayudan mucho a controlar este incendio”, expresó.
Según Ulloa, en la parte sur del incendio tampoco se puede trabajar con brigadas terrestres, y que “lo que se requiere en ese lugar y lo hemos conversado también con los especialistas, son naves, helicópteros de mayor peso, para que puedan trabajar en condiciones adversas, vientos de 120 km por hora”.
“Ahí no puede trabajar un helicóptero de los que tenemos acá. No estoy diciendo que no han llegado medios, pero los que han llegado no son suficientes para aplacar este incendio. Hace cinco días teníamos diez mil hectáreas, hoy tenemos 20 mil”, insistió.
El alcalde Ulloa llamó a “planificar bien” el trabajo ante estas emergencias e impulsar campañas para no usar fuego este tipo de lugares.

sábado, 20 de octubre de 2018

Bolsonaro se une a Donald Trump en el eje que mina la lucha contra el cambio climático

El candidato brasileño ha asegurado que sacará a Brasil del Acuerdo de París contra el calentamiento global y que abrirá la Amazonía a más explotación económica. Admirador de Trump, es apoyado por el lobby político agropecuario. La ganadería, el cultivo intensivo y la minería son los principales deforestadores. La destrucción de bosques es el principal emisor de CO2 de Brasil, casi tres veces más que los combustibles fósiles. Las frases homófobas y machistas de Jair Bolsonaro en una entrevista de 2016 que todavía escandalizan a las redes

El candidato ultraderechista a la presidencia de Brasil, Jair Bolsonaro.

Una oleada de nueva política entre negacionista y antiecológica cruza América de norte a sur. Al presidente de EEUU, Donald Trump, se le añade el favorito para ganar las elecciones en Brasil, Jair Bolsonaro. El ultraderechista ha avanzado su idea de abrir más la Amazonía a la explotación comercial y descolgarse del Acuerdo de París contra el cambio climático como ya hizo Trump. Ambos países son dos de los principales emisores de gases de efecto invernadero.  
"Soy admirador del presidente Trump", ha reiterado Bolsonaro. Su agenda ambiental casa con la intención de anular el compromiso climático de Brasil: amenaza con eliminar el Ministerio de Medio Ambiente y supeditarlo al de Agricultura. Y potenciar actividades agrícolas, ganaderas o mineras a costa de la selva amazónica.
Sus anuncios han sido música para los oídos de la industria agropecuaria y han disparado las alertas en los sectores ecologistas y de lucha contra el cambio climático. El lobby  político de diputados y senadores agrupados en el Frente Parlamentario Agropecuario ha apoyado públicamente su candidatura.
"Los problemas se resolverán en gran parte fundiendo ambos ministerios", anunció a principios de octubre este frente que también sustentó la destitución de la presidenta Dilma Rousseff. Brasil es el segundo país del planeta con más número de vacas y supera los 200 millones de cabezas. Es el primer exportador de carne de vacuno del mundo con 1,8 millones de toneladas en 2016, según el Ministerio de Agricultura español. Una de sus miembros, la senadora Ana Amelia, ha aparecido como probable ministra de Exteriores. 
Marcio Astrini, coordinador de Políticas Públicas de Greenpeace en Brasil, entiende que "enviar el Ministerio de Medio Ambiente a Agricultura y reducir las competencias de la Agencia Ambiental Brasileña, combinado con los ataques a las comunidades indígenas, envía un claro mensaje de que se reducen los esfuerzos para combatir la deforestación de la Amazonía".
El candidato ha prometido abrir las tierras indígenas a la minería y otras actividades económicas. El 13% del bosque tropical brasileño está protegido por ser territorio indígena. Esto ha supuesto, hasta ahora, un muro, casi infranqueable para la deforestación. "La minoría ha de adaptarse a la mayoría", ha vaticinado Bolsonaro. El secretario ejecutivo del Consejo Indigenista, Cleber Buzatto, recuerda que "es urgente adoptar criterios humanitarios en los negocios agrícolas y minerales de Brasil".
La coordinadora de Amigos de la Tierra en Brasil, Lucía Ortiz, cuenta desde la cumbre sobre empresas transnacionales y derechos humanos en Ginebra que "estamos más que preocupados por la segunda vuelta de las elecciones". En su organización opinan que "muchos de los retrocesos de la candidatura de Bolsonaro pueden ser irrecuperables". Se refiere, entre otros peligros, a la "ausencia de propuestas contra la deforestación" y la "expansión extractivista en la Amazonía".
Astrini explica que en las áreas forestales casi vírgenes "las respuestas de las mafias que deforestan suelen ser inmediatas y perversas: así se crea una atmósfera de violencia y disputa por el territorio". El ultra ha azuzado este sentimiento asegurando que existe una conspiración auspiciada por la ONU para desposeer a Brasil de su soberanía sobre sus bosques tropicales: "Ha sido discutido un corredor de 136 millones de hectáreas que estaría bajo su control. No el nuestro". 
Agricultura, deforestación y cambio climático están íntimamente ligados en Brasil, en el top diez de emisores de gases de efecto invernadero del mundo. Brasil lanza casi tres veces más CO2 por la deforestación y los incendios forestales que por el uso de combustibles fósiles: 1.000 millones de toneladas por los cambios en el suelo frente a 398 millones de la combustión de gasolina, gasóleo o carbón, según los datos del Observatorio del Clima de Brasil.
De hecho, la digestión de la enorme cabaña ganadera brasileña produce 323 millones de toneladas de gases invernadero. El sector agrícola y la pérdida de bosque son el 95% del inventario de emisiones de Brasil. Los dos estados que más peso tienen son el de Pará, en el centro de la Amazonía, y el de Mato Grosso, convertido en llanuras de cultivo de soja. Brasil es el segundo productor mundial de esta semilla con más de 100 millones toneladas. Más del 90% está destinado a la fabricación de piensos para ganado.
"Para la cuestión climática, Trump es un desastre y una desgracia y Bolsonaro lo ha hecho su referente", sentencia el ecologista brasileño Astrini. "Ambos serán recordados como enemigos de las futuras generaciones". Bolsonaro no niega directamente el cambio climático, pero abandonar el Acuerdo de París evaporaría los compromisos del país sobre reducción de emisiones. La solución del candidato es controlar "la explosión demográfica mundial".

Nueva etapa de negación: dudar del origen humano

Precisamente, Donald Trump, el referente climático del brasileño, anunció oficialmente que sacaría a EEUU del Acuerdo de París el 1 de junio de 2017. El presidente norteamericano va cubriendo etapas al frente del negacionismo climático: negó la existencia misma del fenómeno (lo llamó cuento chino) para auparse en el cargo. Recientemente, en una entrevista televisiva en la NBC, sí declaró que "hay algo ahí. Algo está cambiando. Va y viene", aunque le puso otra de las sordinas manejadas por los negacionistas: la duda sobre si tiene origen humano. "Provocado por el hombre o no", añadió, a pesar del enorme consenso científico del carácter antropogénico del calentamiento global disparado.

Este año, su Administración ha decidido derogar las regulaciones sobre eficiencia de los combustibles utilizados en coches y furgonetas a partir del año 2025: básicamente establecen que emitan menos gases. La  evaluación de impacto ambiental sobre este proyecto realizada por el Gobierno llega a la conclusión de que el calentamiento global es un problema casi irresoluble con los niveles actuales de emisión por lo que esta derogación no implicaría mucho más perjuicio ni afectaría desproporcionadamente a EEUU. Visto bueno.

domingo, 26 de noviembre de 2017

El problema de los bosques y selvas argentinos


El bosque es un ecosistema complejo formado por plantasanimaleshongos o moneras, de diferentes especies, que interaccionan en un medio determinado: nacen, crecen, los unos se alimentan de los otros, mueren y se descomponen.

Este micro sitio explora algunas de las interrelaciones presentes entre los organismos diversos que forman parte del bosque y los elementos bióticos y abióticos que componen los ecosistemas forestales,

La pérdida de unos 13 millones de hectáreas de bosques al año, que da lugar a un 12 % de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero en el mundo, hace que sea vital luchar contra la deforestación.

En Argentina, Los  bosques  y  selvas, además de concentrar  biodiversidad  considerable,  juegan un papel fundamental en la regulación climática, el mantenimiento de las fuentes y caudales de agua y la conservación de los suelos. Son nuestra esponja natural y paraguas protector. Cuando perdemos  bosques  nos volvemos más vulnerables ante las intensas lluvias y corremos serios riesgos de inundaciones.

Pocos candidatos delinean el valor del Sistema de Áreas Naturales Protegidas como elemento fundamental para el desarrollo del país en temas como: turismo, investigación científica, identidad, cultura. Es necesario conocer qué proponen para asegurar la conservación de estas áreas y su financiamiento.

Es por este motivo, que se pide a la Diputada Nacional María Gabriela Burgos quien está demorando la Ley de Delitos Forestales en el Congreso de la Nación. El proyecto fue presentado por Greenpeace Argentina hace casi un año y está frenado en la comisión de Legislación Penal que preside la representante jujeña.

Grandes productores agropecuarios y desarrolladores inmobiliarios violan la Ley de Bosques y no tienen condena: simplemente se les cobra una multa insignificante en relación al dinero que ganan a costa de la destrucción de los bosques. En muchos casos es clara la complicidad de los funcionarios en la violación de la normativa.

Hay pocas cosas que inspiren más a los encargados de la formulación de políticas que las historias exitosas que se recaban en terreno. Mientras se preparan los negociadores de todo el mundo para las próximas reuniones sobre el clima convocadas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La Diputada Burgos debe convocar en forma urgente a la Comisión de Legislación Penal a tratar la Ley de Delitos Forestales. Mientras su votación se demora, los desmontes ilegales avanzan.

Es importante para el pais adherirse al Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques (FCPF) ya que es una alianza mundial que se ha convertido en una de las principales plataformas de intercambio de conocimientos sobre la reducción de las emisiones debidas a la deforestación y la degradación forestal, conservación y gestión sostenible de los bosques y  aumento de las reservas forestales de carbono (REDD+), un mecanismo de financiamiento mediante el cual los países desarrollados pagan por el carbono que queda retenido en los bosques que los países en desarrollo protegen en lugar de talarlos ya que aportar valor a los bosques en pie y remunerar países con financiamiento para las reducciones verificables de las emisiones derivadas de la deforestación y degradación de los bosques y el uso sostenible de los recursos forestales y la conservación de la biodiversidad.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Los bosques valen hasta 6 veces más de lo que cuesta conservarlos

Un estudio internacional con participación española ha calculado que la biodiversidad de los bosques tiene un valor estimado de hasta 490.000 millones de dólares al año. "Nuestros resultados ponen de manifiesto el efecto negativo de la pérdida de biodiversidad en la productividad de los bosques", afirman los autores del estudio. "Hay una visión muy urbana que cree que los bosques no se pueden o no se deben tocar, pero gestionarlos es bueno", dice el investigador Sergio de Miguel. El 40% de la población adulta mundial nunca ha oído hablar del cambio climático

La mitad de las especies de árboles están amenazadas RADOMIR BALAZY
Un reciente estudio realizado por una colaboración internacional de científicos ha estimado el valor de la biodiversidad de los bosques entre los 166.000 y los 490.000 millones de dólares al año, unas cantidades que, según los autores de la investigación, son "considerablemente mayores que el costo total de una conservación global efectiva".
El estudio se ha centrado específicamente en analizar cómo la variedad de especies de árboles en un bosque está relacionada con la producción maderera. "A pesar de que esto representa solo un pequeño porcentaje del valor total de la biodiversidad, este valor es de dos a seis veces más que lo que costaría implementar de manera efectiva medidas de conservación a nivel mundial", ha explicado a eldiario.es Jingjing Liang, investigador de la Escuela de Recursos Naturales de la Universidad de Virginia Occidental y principal autor del estudio.
Para este estudio, los investigadores recopilaron datos de unas 777.126 parcelas de bosque de 44 países y 13 regiones ecológicas. En total, se analizaron más de 30 millones de árboles de 8.737 especies. Los resultados mostraron que la productividad de los bosques disminuye con la pérdida de la biodiversidad en casi todas las regiones del mundo, aunque las áreas que experimentan la mayor disminución de productividad en términos absolutos son el Amazonas, el Golfo de Guinea, el Sureste de África, el sur de China, Myanmar, Nepal y el archipiélago malayo.
Esta nueva evaluación sugiere que una pérdida del 10% de la biodiversidad conlleva una pérdida de entre 2% y el 3% de la productividad que los bosques pueden ofrecer, lo que corresponde unas pérdidas de cerca de 15.000 millones de dólares. "Nuestros resultados ponen de manifiesto el efecto negativo de la pérdida de biodiversidad en la productividad de los bosques", explican los autores en el estudio, que ha sido publicado en la revista Science.

Aumentar la biodiversidad mejora la productividad

La relación entre la biodiversidad y la productividad de los bosques ha sido un importante foco de investigación ecológica en las últimas décadas y en los últimos años diversos estudios a nivel local habían apuntado a que el funcionamiento de los ecosistemas naturales puede verse afectado sustancialmente por las reducciones en la riqueza de especies.
Según los autores del estudio, la necesidad de entender esta relación es "cada vez más urgente a la luz de la crisis mundial de extinción", dado que "la deforestación, la degradación de los bosques y el cambio climático están amenazando aproximadamente la mitad de las especies de árboles en todo el mundo".
Los investigadores también señalan en su estudio los beneficios que tendría una transición de los monocultivos a una mezcla de especies. "Uno de los mensajes importantes de nuestro trabajo es que la biodiversidad mejora la productividad y la plantación de más especies en lugar de una sola, hará aumentar la productividad de los bosques, además de tener otros beneficios ecológicos”, explica Liang.

Bosques sanos

Los investigadores inciden en la necesidad de aprovechar el potencial productivo de los bosques, para que estos sean adecuadamente gestionados. "Una de las principales ideas que hay que afianzar, es que para tener unos bosques sanos, éstos tienen que ser gestionados", explica a eldiario.es Sergio de Miguel, investigador de la Universidad de Lleida y miembro del comité directivo de la Global Forest Biodiversity Initiative, que ha impulsado este estudio. "Queremos y necesitamos una sociedad que utilice cada vez más elementos renovables y fuentes de energía renovables, y los bosques lo son", insiste este investigador. 
De Miguel también llama la atención sobre la falta de atención que han recibido los bosques en diversas partes del mundo y sobre las contradicciones de parte de la sociedad a la hora de afrontar la gestión de los bosques. "Hay una visión muy urbana que cree que los bosques no se pueden o no se deben tocar, pero debemos entender que gestionar los bosques es bueno para la sociedad y para los propios bosques", afirma este investigador. Además, de Miguel recuerda que los bosques "no son algo virgen", sino que "son el resultado de una interacción profunda entre el ser humano y la naturaleza". 

En España no hay deforestación, hay falta de gestión

Sobre la situación de España, de Miguel señala que, al igual que en el resto de Europa, "no hay deforestación", sino que hay "un incremento paulatino de la superficie forestal". Pero lejos de ser una buena noticia, este investigador apunta a que "el problema no es tanto de cantidad de bosque, sino de calidad de bosque", ya que hoy en día "los bosques están desatendidos, puesto que la gente ha ido abandonado lo usos rurales y tradicionales que implicaban una gestión del bosque".
"En España los bosque están infragestionados porque se dice que no son rentables”, afirma de Miguel, que recuerda que "en España, al igual que en otros muchos países, gran parte de la superficie forestal es privada", con lo que "si un propietario no ve una ganancia en la gestión del bosque no lo hará".
Este investigador destaca la importancia de establecer el valor de los bosques y su biodiversidad en estudios como el llevado a cabo por Liang. "Si tenemos una sociedad basada en la bioeconomía y en un uso responsable de los recursos naturales, éstos empezarán a tener más valor y la gestión de los bosques será más rentable".
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