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viernes, 12 de abril de 2019

La tierra de los hielos australes: El Calafate y los glaciares patagónicos

El reclamo del Perito Moreno es sólo uno de los muchos atractivos del extremo sur de La Patagonia argentina.

El Glaciar Spegazzini desde el barco que navega por los canales del Lago Argentino.

Elal había sido creado por los cisnes a los pies del sagrado Chaltén, la montaña que aguanta todo el peso del cielo. Y ahí vivió años felices hasta que los hermanos Shie (nieve) y Kosheske (frío) decidieron conquistar el mundo confabulados con Maip (el viento helado). Lanzaron su furia y cubrieron el mundo de hielo y nieve. Elal, desesperado, les lanzó piedras que al chocar entre sí incendiaron algunos matorrales haciendo al hielo retroceder hasta refugiarse en las montañas más altas de La Patagonia. Y los hombres controlaron el fuego y la vida volvió a ocupar las llanuras, pero desde entonces, Shie, Kosheke y Maip viven enemistados con los hombres y el resto de los animales. El hielo sigue allí arriba recluido formando una masa compacta de más de 350 kilómetros de longitud y 16.800 kilómetros cuadrados que forman una de las reservas de agua dulce más grandes del planeta.


Esta enorme masa blanca, refugiada en los confines del sur de la Cordillera de Los Andes, se desparrama laderas abajo y forma hasta 49 glaciares que bajan a ambos lados de la frontera chilena y argentina. Algunos famosos mundialmente como el Perito Moreno (en el lado argentino) o el Grey (en Chile). Otros escondidos tras arduas caminatas de horas por paisajes increíbles. Ciudades turísticas como El Calafate, mecas del senderismo como Torres del Paine o El Chaltén; rutas míticas como la 40. Esta parte del mundo es una invitación constante a la aventura. Un auténtico reino natural dónde las cosas de los hombres tienen un algo de provisional; como si estuvieran ahí hasta que el viento helado (ese Maip del que hablábamos antes) se decida a empujar al frío y la nieve hacia las llanuras dónde ahora viven los hombres.

Fósil de un Megaterio en el Centro de Interpretación Histórica de El Calafate.

Haciendo base en El Calafate
El Calafate es una pequeña ciudad de frontera. Hasta 1927 no era más que un apostadero que servía para aprovisionar a las estancias ganaderas de la región y dar salida a la lana. Las tensiones fronterizas con Chile movieron a las autoridades a crear un asentamiento permanente y se construyeron las primeras casas a orillas del Lago Argentino. El avión y la cercanía del Glaciar Perito Moreno convirtieron al pequeño pueblo ganadero en una ciudad turística que recibe a cientos de miles de visitantes al año. Mucho antes, grupos de cazadores de la etnia tehuelche (los famosos patagones que describió Magalllanes) pasaban esporádicamente por el lugar tras las manadas de guanacos. La Cueva de Punta Walichu, a orillas del lago, es testigo de aquellos tiempos primigenios. Sus interesantes pinturas rupestres nos hablan de la estrecha relación de los hombres y mujeres de aquellos tiempos remotos con la naturaleza. En el Centro de Interpretación Histórica Calafate (Almirante G. Brown, 1050; Tel: (+54) 2902 49-2799; Horario: LD 10.00 – 20.00) se hace un repaso a toda la historia local con una visión crítica y consciente que se agradece tocando temas espinosos como la aniquilación de las culturas locales. Y también hay una buena colección de restos paleontológicos y arqueológicos.
Marismas de la Laguna Nímez, un santuario para las aves en pleno El Calafate
En una ciudad de apenas un centenar de años de antigüedad, las piedras nobles apenas existen. Abundan las casas de madera y techos de chapa, construcciones típicas de La Patagonia que se abren a la luz con enormes ventanales. La naturaleza manda e impone su ley. Y por eso lo mejor que hay que ver en El Calafate es su entorno. En La Reserva Natural de Laguna Nímez , por ejemplo, el Lago Argentino abandona su habitual apariencia de espejo desolado creando unas marismas verdes llenas de vida en la que se pueden ver hasta 80 especies de aves acuáticas. Y después está el hielo. Y Glaciarium (Ruta 11 km 6; Tel: (+54) 02902 497912; Horario: LD 11.00 – 19.00;Mail: info@glaciarium.com) es el aperitivo perfecto antes de emprender el camino de la Cordillera para ver los hielos. Este moderno centro de interpretación te dará las claves para comprender cómo se forman, de qué manera evolucionan y lo que los campos de hielo significan para el medio natural y las comunidades humanas que viven y han vivido junto a ellos. ¡Y tienen un bar que se sale!
Navegando por el Lago Argentino en busca de los grandes glaciares.
Viajando hacia los muros blancos
Hay dos excursiones típicas: subir hasta el Perito Moreno y hacer la travesía de los glaciares Upsala y Spegazzini. Decidirse por uno u otro es complicado. La primera vez que fuimos a Calafate sólo fuimos a ver el Perito Moreno y la segunda volvimos al Perito e hicimos la navegación. Y nos encantó. Es algo increíble que te ocupa prácticamente todo el día. El barco navega por los canales del norte del Lago Argentino descubriendo paisajes increíbles y los propios glaciares. El precio de la excursión no es barato (hablar de precios en Argentina es peligroso ya que cambian todo el tiempo, pero rondan los 90 euros) pero merece la pena. Los barcos salen desde Puerto Bandera (Acceso por Ruta 11) y la excursión dura unas cinco horas. El premio es llegar a las inmediaciones del Upsala y el Spegazzini, pero entre medias, la cordillera muestra espectaculares vistas.
Frente del Glaciar Perito Moreno, el más visitado de Argentina.
El rey de la casa es el Glaciar Perito Moreno. No es el más grande de la región, pero su situación, justo en frente de un cerro elevado, lo convierten en el más fácil de visitar y comprender de todos los que forman el Parque Nacional Los Glaciares. Esperar en las pasarelas a que los enormes bloques de hielo vayan cayendo al lago es de las mejores experiencias de un viaje a la Argentina; y te da la verdadera dimensión de un fenómeno natural vivo. El Perito Moreno es de los pocos glaciares del mundo que no están en retroceso. Sigue en su equilibrio de siglos mientras que en otros lados del planeta los hielos se retraen. ¿Y qué hacer? Recorrer las pasarelas y miradores que quedan justo en frente de la imponente lengua de hielo y hacer la navegación (merece la pena). Para los más aventureros queda la caminata por los hielos. Esta excursión puedes contratarla en alguna de las agencias de viaje de El Calafate.
El Pico Chaltén desde la Laguna Capri.
Un trozo de la 40 hasta El Chaltén.- Es otra excursión clásica desde El Calafate. Lo normal es contratar un taxi por jornada completa (unos 200 euros) que nos llevará hasta El Chaltén a primera hora de la mañana para volver a última hora de la tarde (Matías Tel: (+54) 9 2966 32 9165.); la distancia es de 213 kilómetros, una buena parte de ellos por la mítica Ruta 40, carretera que recorre la cordillera andina en toda su extensión argentina desde el Estrecho de Magallanes a la frontera con Bolivia. El Chaltén es un regalo. El pueblo (de marcado sabor patagónico) está a los pies de un macizo montañoso coronado por el propio Monte Chaltén, una aguja de piedra que preside un grupo de picos, valles y circos glaciares justo en el límite del campo de hielo. De este lugar dicen que es la capital del senderismo de la Argentina. Y es verdad. Una red de senderos se interna en la montaña descubriendo sus secretos mejor guardados. Los hay para todos los gustos y niveles. Si tienes poco tiempo sube a la Laguna Capri; son sólo siete kilómetros y el lugar merece la pena. De camino a El Calafate o a la ida aprovecha para visitar el Parador La Leona , una de las postas más famosas del sur de América y toda una institución para los fanáticos de la Ruta 40; es uno de los hoteles más antiguos de la región y está en un lugar espectacular. Tenemos la intención de ir a dormir alguna vez a La Leona.

La Patagonia: el lugar donde se aman las ballenas

Puerto Madryn y Península de Valdés ofrecen uno de los espectáculos naturales más intensos del mundo; un lugar dónde se reproduce la Ballena jorobada y caza la temida orca.

Ballena franca saltando frente a Puerto Madryn. Francisco Ezequiel Paez

Durante seis meses las Ballenas Francas Australes se alejan de la costa y se pierden por medio año en las frías aguas del Atlántico Sur. Hasta hace pocos años, sus viajes más allá de las playas de la Patagonia argentina eran un auténtico misterio. Se sabía, más o menos, que viajaban a las remotas regiones en las que los hielos antárticos se funden en aguas atlánticas, pero sus rutas y lugares de ‘caza’ eran desconocidas. Hoy se sabe que se desparraman por un área limitada al oeste por las últimas planicies de la Plataforma Continental Sudamericana y que llega a las aguas próximas a las Georgias del Sur y las primeras aguas Antárticas. Los marineros de la antigüedad decían que por debajo del paralelo 40 no había ley y que más allá del 50 no había Dios. Pues ahí es a dónde van las Ballenas Francas Australes. A esas aguas en las que no hay Dios. Aguas frías y tormentosas. Ricas en nutrientes, eso sí. Y en kril , esos crustáceos pequeños que nadan en nubes de a millones y que son una de las bases sobre la que se sustentan los mares y sus criaturas.


Las ballenas francas australes regresan ‘a tierra’ a mediados de junio y se concentran en las bahías tranquilas del norte de la costa patagónica. Llegan hasta estas aguas para aparearse y permanecen el lugar hasta la llegada del verano austral (diciembre) en que vuelven a adentrarse en aguas abiertas hasta una nueva temporada. Esta migración anual es uno de los grandes espectáculos naturales del mundo. Y también la oportunidad para ver de cerca a estos gigantes marinos de más de 15 metros de largo y hasta 40 toneladas de peso que nadan tranquilos en las aguas someras de lugares mágicos como el Golfo Nuevo, una inmensa bahía al sur de la Península de Valdés en la que las aguas turbulentas del Atlántico Sur se reposan y planchan.

Punta Norte, en la Península de Valdés.

Península de Valdés. Patagonia en estado puro. Un lugar que, a primera vista, podría parecer desolado y hasta desértico; pero es un espejismo. Es un lugar que rebosa vida por todas partes. En el mar, pero también tierra adentro. Un lugar que debería estar en la ruta de cualquier viaje que se planifique a la Argentina. Un verdadero paraíso para los amantes de la naturaleza que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad y que bien merece un par de días de dedicación. Lo normal es hacer base en la ciudad de Puerto Madryn, en la que hay una nutrida oferta hotelera y servicios de todo tipo, o en la pequeña población de Punta Pirámides. También puedes alojarte en alguna de las antiguas estancias ganaderas de la propia Península, lo que supone vivir en pleno parque nacional. Una auténtica pasada que es bastante más caro pero que merece la pena.

Madryn desde el muelle.

Una pequeña guía de Puerto Madryn
Esta pequeña ciudad costera se encuentra a orillas del Golfo Nuevo, con el que se encuentra a través de una enorme playa de arena que en el verano austral permite tomar el sol y darse un remojón (para valientes eso sí); pero la mejor época para visitarla es en invierno y otoño, coincidiendo con la temporada de ballenas. Y todo gira en torno a la temporada de cetáceos y a la cercanía del Parque Nacional Península de Valdés. Muy recomendables el Ecocentro (Julio Verne, 3784; Tel: +54 280 488 3173; Ver Horarios ; E-mail: mar@ecocentro.org.ar), que hace una disección del mar patagónico desde el punto de vista natural y cultural. Otro lugar que hay que visitar es el Museo Provincial y Oceanográfico (Avda. Domecq García y José Menendez, 9; Tel: (+54) 280 445 1139; Horario: LD 9.00 – 15.00) en el que a parte de una buena exposición sobre los ecosistemas locales hay una interesante colección arqueológica.
El Ecomuseo de Puerto Madryn.
Muy cerca de aquí tuvo lugar el primer contacto entre los europeos y los Tehuelches. Un tal Fernando de Magallanes –nada más y nada menos- comparó a los hombres de aquellas tierras con el gigante patagón, un ser mítico de las novelas de caballería tan de moda por aquellos tiempos. Otro lugar importante para la historia local es la Punta Cuevas, lugar en el que se establecieron los primeros colonos galeses que se establecieron en la región a finales del XIX. El Museo del Desembarco (Boulevard Almirantete G Brown, 3681) explora ese primer asentamiento. Muy cerca del museo se encuentra el Monumento al Tehuelche, sobre un pequeño cantil que da al mar y que también es un buen mirador para ver ballenas durante la temporada.
Avistaje de ballenas en el Golfo Nuevo. Pedro Alonso
Avistaje de Ballenas.- La temporada de ballenas francas se extiende desde mediados de junio a mediados de diciembre y los picos más importantes se producen entre julio y noviembre. Según los expertos, en la costa patagónica se concentran en esta época hasta 700 ballenas, muchas de ellas en las inmediaciones de la Península de Valdés. Como te decíamos antes, el llamado Golfo Nuevo, justo en frente de Puerto Madryn y Puerto Pirámides, es uno de los epicentros de la actividad reproductiva de los colosos del mar. Desde Puerto Pirámides salen numerosas excursiones de avistaje de ballenas. Sólo seis agencias están autorizadas para esta actividad (hay que tener en cuenta este extremo para evitar molestar a los bichos). Ya sabes, cuando hay fauna de por medio hay que ser responsables. Estas empresas son HydrosportSouthern Spirit –esta empresa cuenta con un barco con ventanales sumergidos-,BottazziPeke SosaWhales Argentina y Punta Ballena. Los precios rondan los 50-60 euros por adulto (el barco con ventanales ronda los 140 euros) aunque en Argentina las tarifas cambian a cada rato. Las estrellas de la temporada alta son las Ballenas Francas, pero en la excursión es habitual ver delfines, orcas y otros inquilinos ilustres del medio marino. No es barato pero merece la pena.

Otro lugar especial para ver las ballenas, y gratis, es la Playa de El Doradillo (a pocos kilómetros al norte de Puerto Madryn). La principal característica de este sitio es el enorme talud costero y la proximidad de aguas profundas a apenas unos metros de la orilla, por lo que es posible ver a la Ballena Franca a poca distancia. En pleno invierno (junio-septiembre) este es el lugar donde las hembras enseñan a los ballenatos a nadar y el espectáculo es, sencillamente, impresionante. Hay un observatorio de la Fundación Patagonia Natural en Punta de Flecha, un pequeño cantil que permite ver a las ballenas desde la altura. Y también tienen un hidródfono para oír el lenguaje de estas criaturas fascinantes. Lenguaje; sí, porque son inteligentes como pocos seres de este mundo. Estar aquí emociona.


La varada de las Orcas .- El Varamiento Intencional es una pauta ‘cultural’ única en el mundo propia de las orcas de la Península de Valdés y que consiste en atacar a las presas (lobos marinos y elefantes marinos) cuando éstas están en la orilla de la playa. Lo primero que hay que tener en cuenta es la tabla de mareas de la zona . Las orcas sólo varan durante la marea alta, justo en el momento en el que el nivel del agua les permite avanzar con rapidez hacia el talud de la orilla minimizando el riesgo de quedar atrapadas. Por eso es importante, si vas por tu cuenta, tener este asunto en cuenta. Lo segundo es tener paciencia (por eso hay que pasar aquí al menos dos o tres días), ya que este comportamiento único en el mundo no se produce mecánicamente todos los días ni a horas predeterminadas. Nosotros estuvimos dos días y no lo vimos.

Orcas frente a las costas de Cabo Norte.

Hay dos picos importantes en la temporada de Orcas. Entre los meses de octubre y diciembre, los ataques se producen en Caleta Valdés aprovechando la temporada de cría de los Elefantes Marinos. En marzo y abril, la actividad depredadora se traslada a Punta Norte, justo en el momento en el que las crías de Lobo Marino tienen sus primeros contactos con el mar. Puede parecer un juego cruel. Los expertos dicen que el 10% de las crías de ambas colonias mueren entre las mandíbulas de las orcas. Pero los ataques son parte de un aprendizaje vital de los ‘lobitos’ y las crías de elefante marino. Un entrenamiento que les servirá, por ejemplo, para escapar de depredadores y, a la vez, cazar presas tan esquivas como los pingüinos. Es la ley de la Naturaleza.

Esqueleto de Ballena Franca en el Centro de Interpretación del Parque Nacional.

La única manera de hacerlo es con coche o a través de un tour. Las carreteras son de ripio (tierra con chinos) y demanda atención y prudencia. No se recomienda ir más rápido de 60 kilómetros por hora y tener mucho cuidado; el cruce de fauna es muy habitual. Si lo haces por tu cuenta en temporada de varada de orcas recuerda lo de la tabla de mareas para que tengas posibilidad de ver ese espectáculo tan duro como fascinante de la caza. El primer contacto con el parque se hace a través del Centro de Interpretación Carlos Ameghino, dónde se expone bastante información sobre el lugar: natural, etnográfica e histórica. Desde aquí parte una pequeña carretera que lleva hasta los restos del Fuerte San Juan, antigua guarnición española, y a la Isla de los Pájaros, un buen lugar para observar avifauna y, en temporada de ballenas, a los propios cetáceos, que entran en las aguas tranquilas del Golfo San José.
Pingüinos de Magallanes en Caleta Valdés.
Los otros lugares de interés en el parque son Puerto Pirámides, desde dónde salen las excursiones de avistaje, Punta Norte, con una extensa lobera (colonia de lobos marinos) y la posibilidad de ver el Varamiento de las Orcas al igual que en Caleta Valdés, dónde hay una colonia de elefantes marinos –y también la posibilidad de ver cazar a las orcas- y, a apenas dos kilómetros, una pinguinera (ver mapa). Otro punto de interés es Punta Delgada, aunque el acceso es privado. Más allá de las playas y el fecundo mar patagónico, transitar por las carreteras de ripio del parque es un espectáculo. Hay bichos por todos lados. GuanacosZorros,ArmadillosMarasChoiques –avestruces patagónicos- y un sinfín de aves (destacan las loicas con sus pechos rojos, los jotes y los flamencos). Eso sí hay que conducir despacio.
CALENDARIO DE AVISTAJE DE FAUNA
AVISTAJE DE BALLENA FRANCA AUSTRAL : Junio - Diciembre
ÉPOCA DE LOBOS MARINOS : Octubre – Marzo
EPOCA DE ELEFANTES MARINOS : Agosto - Abril
EPOCA DE PINGUINOS MAGALLÁNICOS : Septiembre – Mayo
VARAMIENTO DE ORCAS : Marzo – Abril (Punta Norte) Octubre – Diciembre (Caleta Valdés)
Fósil de un dinosaurio carnívoro patagónico expuesto en el Museo Paleontológico Egidio Ferugio de Trelew.
Excursiones desde Puerto Madryn
Trelew y los pueblos galeses .- Trelew (a 65 kilómetros de Puerto madryn) es una ciudad un tanto anodina pero tiene uno de los mejores centros de estudio de dinosaurios del mundo. El Museo Paleontológico Egidio Ferugio (Avda Fontana, 140; Tel: (+54) 0280 443 2100; Horario: LD 9.00 – 19.00; E-mail: info@mef.org.ar) es, sencillamente, alucinante. Merece la pena ir. A pocos kilómetros de Trelew se encuentra el pueblo de Gaiman, fundado por colonos galeses y celoso de su tradición. Las casas de té al más puro estilo british son un espectáculo.
Punta Tombo .- Es una de las mayores pingüineras del mundo. A 188 kilómetros de Puerto Madryn más de medio millón de Pingüinos de Magallanes forman uno de los espectáculos naturales más imponentes de la costa patagónica. Existe la posibilidad de alojarse en una de las antiguas estancias ganaderas de la zona.
Fotos con Licencia CC: Pedro AlonsoFrancisco Ezequiel Paez

En busca de la tierra sin mal en los bosques de la triple frontera

Las selvas que ocupan la triple frontera entre Argentina, Paraguay y Brasil acogen una de las siete maravillas naturales del mundo: las cataratas del Iguazú. Pero los bosques guardan los restos de viejas misiones españolas y aún son el escenario de una de las culturas más fascinantes de América: la guaraní.

Cataratas del Iguazú; una de las siete maravillas naturales del mundo. Viajar Ahora

Los guaraníes la llamaron Yvy Mara He`y: la tierra sin mal. Y la buscaron con ahínco a lo largo de los siglos en las selvas tupidas de las cuencas del Paraná. Dicen que cada cierto tiempo, algún profeta (Karai) recibía el encargo de ‘los que viven por encima de nosotros’ para reanudar la marcha en busca de ese lugar. Las ‘bellas palabras’ impulsaban a los pueblos a seguir con una búsqueda milenaria de esa tierra mítica dónde el ser humano sería capaz de cumplir su máximo propósito existencial: el teko mara he`y, esto es, hacer el bien. Pero a diferencia de otras culturas, esta tierra sin mal no es un destino esperanzador que atenúa los temores que nos impone la mortalidad. No. Existe aquí. Porque la única finalidad de nuestra existencia, para estas gentes sencillas y hospitalarias como pocos, es ser felices en una ‘vida sin tacha’. El modo de vida guaraní se truncó de manera brutal con la llegada de los portugueses y españoles. Las visitas frecuentes de esclavistas fueron una constante que los obligó a optar por dos caminos: buscar los lugares más recónditos de la selva para pasar inadvertidos o buscar la protección de las misiones jesuíticas.


El territorio guaraní ocupaba una vasta región de bosque lluvioso que comprendía el norte de la actual Argentina, el Paraguay y una buena parte de Brasil. Hoy, cinco siglos después de aquel encuentro, los dominios del bosque han quedado confinados a una pequeña extensión que sobrevive a duras penas ante la presión de las madereras, los campos de yerba mate y las grandes plantaciones sojeras. Pero aún quedan buenas manchas de selva en el norte de la provincia argentina de Misiones y pequeñas reservas en el sur de Brasil. La mayoría de los que llegan hasta aquí lo hacen atraídos por una de las maravillas naturales del mundo: las Cataratas de Iguazú. Los viajes apenas duran dos o tres días y se limitan a visitar las cataratas del lado brasileño y argentino. Pero hay mucho más que ver y que aprender.

Hito de la Triple Frontera en Puerto Iguazú. Desde aquí se puede ver la confluencia de los ríos Iguazú y Paraná que separa a la propia Argentina de Brasil y Paraguay. Viajar Ahora

Puerto Iguazú .- A primera vista, Puerto Iguazú es un lugar un tanto anodino en el que se apelotonan los hoteles, hostales, restaurantes y bares que dan servicio a los visitantes. Una ciudad un tanto destartalada que no le hace justicia al entorno en el que está. Pero es una buena base desde la que explorar la zona. Si vas sólo dos días te es indiferente pernoctar en el lado argentino o brasileño, pero si vas a estar aquí más tiempo y quieres ver más cosas que las cataratas la opción argentina es la más conveniente. Los grandes hoteles con piscinas imponentes y rodeados de selva están a los costados de la Ruta 12 y los hostales más económicos y los hoteles de precio medio están justo en el centro. Nosotros estuvimos dos veces en Puerto Iguazú. La ventaja del centro es tener a tiro de paseo la oferta de restaurantes y bares. La ventaja de los grandes hoteles son sus instalaciones y la posibilidad de levantarte y ver tucanes en el balcón. Como te decíamos, la ciudad tiene poco que ver más allá del Hito de la Triple Frontera (Avenida Tres Fronteras, sn), el balcón que se asoma a la confluencia de los ríos Iguazú y Paraná dejando ver el punto dónde Argentina se encuentra con Brasil y Paraguay y algunas reservas y refugios de fauna salvaje como los de La Aripuca y GüiráOga, ambos en la Ruta 12.
También en las inmediaciones de Puerto Iguazú se localiza la Comunidad Guarani Yriapu ( Selva de Yriapu –Acceso por Ruta 12-), una mancha de bosque nativo de más de 300 hectáreas a orillas del Río Iguazú en la que viven más de medio centenar de familias guaraníes. El lugar funciona como residencia y centro de intercambio cultural gestionado por la propia comunidad. Yriapu, en guaraní, significa ‘sonido lejano del agua’, en referencia a la cercanía de las cataratas. El bosque, intacto más allá de los campos de cultivo de la comunidad, es una auténtica reserva natural a dos pasos de Puerto Iguazú. La visita es más que recomendable: vas a aprender muchísimo sobre la cultura guaraní y, también, vas a poder internarte en la selva y empezar a descubrir sus secretos. En el lugar hay varios hoteles tipo lodge. No son baratos, pero dormir en pleno bosque es una gozada (si no te asustan los bichos, claro está).
Los monos son una de las principales atracciones de las selvas de Misiones. Viajar Ahora
Visitando las cataratas .- El eterno debate es si es mejor el lado argentino o el brasileño. Una vez más, la cuestión tiempo es la clave. Si vasta estar poco tiempo y quieres ver algo más que las cataratas te recomendamos el lado argentino; si te vas a quedar tres o cuatro días o no te interesan otros lugares, ir al lado brasileño tiene su aquel. Puedes ver la Garganta del Diablo desde abajo y sentir la potencia del agua (también es más fácil ver animales) y visitar el Parque de las Aves (Tel: (+55) 45 3529 8282; E-mail: atendimento@parquedasaves.com.br). Pero si sólo puedes ir a uno de los dos sitios, el mejor es el lado argentino. Por varias razones; el sendero recorre gran parte de los más de 270 saltos de agua; la información del centro de interpretación es muy buena; puedes ver las cataratas desde arriba y desde abajo y sólo desde el lado argentino (Ruta 101 Km 142; Tel: (+54) 11 5258 7318) se pueden tomar los barcos que se acercan al salto de agua y visitan la Isla San Martín. La visita a las Cataratas demanda una jornada completa. El parque abre a las 8.00 y cierra a las 18.00. La empresa Río Uruguay une las cataratas con Puerto Iguazú cada 20 minutos: los buses salen del Hito de la Triple Frontera y también pasan por la Estación de Autobuses de la ciudad.
Las Cataratas del Iguazú desde el lado brasileño. Viajar Ahora
Una vez en las cataratas conviene tomarse las cosas con calma. En el lado argentino hay unos siete kilómetros de senderos que recorren la gran mayoría de los saltos de agua hasta orillas del río, unos 80 metros más abajo que la cota máxima de las cataratas. Hay varios puntos para el abordaje de las lanchas que recorren la parte inferior del salto y llegan hasta la Isla San Martín (los precios rondan los 60 euros por persona). Verlo todo demanda unas seis o siete horas de caminata tranquila. En el parque hay varios restaurantes aunque son caros.
Detalle de una piedra con cristales de amatista en las minas de Wanda. Viajar Ahora
Por la Ruta 12 hasta la misión de San Ignacio .- La Ruta 12 conecta Puerto Iguazú con la ciudad de Posadas, la capital de la provincia de Misiones. Esta carretera corre en paralelo al cauce del río Paraná que, en esta parte, hace de frontera con la vecina Paraguay. Las antiguas misiones jesuíticas sirvieron de refugio a miles de guaraníes. En el territorio comprendido entre el Paraná y el Uruguay, la orden de los jesuitas construyeron doce reducciones. La de San Ignacio de Miní es la más accesible y famosa. Pero vayamos por partes. Salimos de Puerto Iguazú en dirección a Posadas. Una buena idea es contratar la excursión con un taxista local. El precio ronda los 100 euros y no incluye las entradas. La primera parada suele ser las Minas de Wanda , una pequeña explotación de amatistas situada en un pueblo de emigrantes polacos. Otro punto de interés, antes de seguir hacia el sur es un lugar conocido como el Solar del Che, una pequeña casa en la que Ernesto Guevara pasó los dos primeros años de su vida. Los padres del futuro Che compraron una finca para cultivar yerba mate. Hoy, la humilde casa se ha convertido en un modesto museo y en un centro de peregrinación para seguidores del revolucionario argentino.
Restos de la Iglesia en la misión de San Ignacio de Miní. Viajar Ahora
Antes de llegar a San Ignacio no es mala idea hacer un alto en los Saltos del Tabay, una pequeña sucesión de saltos de agua en uno de los muchos cauces que nutren el Paraná. Ideal para darse un baño. El destino último de la excursión es la Misión de San Ignacio de Miní (Horario: 7.00 – 19.00; Espectáculo nocturno: 19.00) uno de los mejores ejemplos de reducción jesuítica de la región. En estas misiones, los guaraníes encontraron protección y un modelo de integración económica y política inéditos en la América hispánica. El fin último de las misiones, no nos engañemos, era la conversión al catolicismo de los naturales pero supusieron una verdadera revolución y un ejemplo de integración que aún hoy conmueve. Las ruinas de San Ignacio de Miní son un ejemplo de aquella utopía; la iglesia, las habitaciones de los religiosos y la ciudad de los propios indígenas. Casas, talleres, antiguos almacenes… El museo del yacimiento es soberbio y el espectáculo nocturno de luces, proyecciones y música es digno de ver.

Una mujer teje una cesta en una aldea guaraní situada junto a la Ruta 14. Viajar Ahora

La Ruta 14 y Los Saltos del Mocona .- La ruta 14 atraviesa la provincia de Misiones de norte a sur. Es una carretera muy poco transitada por turistas. En el camino nos encontraremos con varias comunidades guaraníes y paisajes impresionantes. En esta parte de la provincia, las explotaciones agrícolas y las manchas de bosque nativo. Llegar hasta los Saltos del Mocona queda un poco a trasmano. Pero en la rivera del Uruguay se pueden ver algunas poblaciones de frontera como El Soberbio. Los Saltos del Moconá no es una catarata más de las que tanto abundan por estos parajes. Es un espectacular escalón que se extiende por algo más de un kilómetro creando un paisaje espectacular.


jueves, 7 de marzo de 2019

Un viaje a las Montañas Negras; el corazón del país de los fieros guerreros sioux

Es la tierra de Caballo Loco y Toro Sentado; el lugar dónde se libró la última de las grandes guerras indias. Un lugar sagrado para los sioux y todo un símbolo de la conquista del oeste para el imaginario popular estadounidense. Esta cadena de montañas inserta en mitad de la región de las grandes praderas es un lugar mágico que conjuga una naturaleza salvaje, dónde reina el mítico búfalo, la espiritualidad de los nativos americanos y la historia de la sangrienta epopeya de la expansión de los Estados Unidos.

Los búfalos vuelven a correr por los prados bajos de las Colinas Negras. Hoy su población es estable aunque la amenaza de la desaparición sigue siendo una realidad. Britt Reints

El Monte Rushmore es uno de los iconos más importantes de la cultura popular de los Estados Unidos. En una imponente mole de granito blanco, el escultor estadounidense Guzton Borglum talló durante los últimos años de su vida las efigies de cuatro presidentes del país: George Washington; Thomas Jefferson; Theodore Roosvelt y Abraham Lincoln. Borglum, que murió poco antes de que su obra magna estuviera terminada, quería hacer un homenaje a los primeros 150 años de historia del país a través de las colosales efigies (cada cabeza mide 18 metros de altura) de cuatro grandes mandatarios. La idea inicial distaba mucho del resultado final. Las esculturas debían recrear personajes vinculados con la conquista del oeste como Buffalo Bill Kit Carson. Pero Borglum tuvo la idea de convertir a Rushmore en un monumento de talla nacional con las esculturas presidenciales. Los trabajos se iniciaron en 1927 y se prolongaron por 14 años e implicó a un grupo de 400 trabajadores.


A escasos 26 kilómetros de Rushmore otro rostro emerge del granito. La cara, de 26 metros, mira hacia el horizonte y es sólo una parte de un proyecto gigantesco que lleva ya 70 años en marcha y ha comprometido el trabajo y el esfuerzo de tres generaciones de una misma familia. Korczak Ziolkowski llegó a Dakota del Sur en 1939 para trabajar como tallador en el Monte Rushmore. Y alentado por jefes tribales sioux empezó a trabajar en el Memorial Caballo Loco. Apenas esbozó los inicios de un proyecto aún inconcluso. Una gigantesca escultura de 171 metros de altura del líder indígena que se alzo contra el ejército de los Estados Unidos durante la guerra de las Colinas Negras (1876-1877).
La tierra de los espíritus
La historia trágica de las Colinas Negras se inició durante el último tercio del siglo XIX. La presión de la colonización del Oeste norteamericano colisionó con los grupos humanos que vivían en las grandes llanuras que se extienden entre las Montañas Rocosas y el valle del Mississippi. Los Lakota (una de las etnias de la nación sioux) eran una de esas ‘tribus’ que habitaban las llanuras de lo que hoy son los estados de Dakota del Sur, Nerbraska, Wyoming, Montana y Dakota del Norte. Las Colinas Negras eran su centro simbólico espiritual. Un santuario. Paha Shapa, las llamaban. Tradicionalmente se ha interpretado como colinas negras; pero parece que sería más acertado algo así como Montañas que surgen. Y si tienes la suerte de venir desde el Este por carretera, transitando por las interminables llanuras que se extienden más allá de las riveras del Río Misouri, las Montañas Negras emergen de este mar de cultivos (anteriormente interminables praderas de hierba dónde pastaba el bisonte) como si fueran una aparición. El verde oscuro de los pinos ponderosa contrasta con el blanco del granito. Y de ahí el nombre; porque es tan profundo ese verde que a la distancia parece casi negro.
Formaciones rocosas en Needles Highway, una de las atracciones naturales del Parque Estatal Custer. Jay Gannett
Pues como decíamos: los colonos blancos colisionaron con las tribus nómadas que se movían libremente por las llanuras tras los movimientos del bisonte norteamericano. Los enfrentamientos cada vez más habituales y un goteo incesante de muertes provocó la reacción del gobierno estadounidense que, en 1851, firmó un tratado con los Lakota y otras tribus en virtud del cual, los primeros no serían molestados en las tierras situadas al norte del mítico Fuerte Laramie (Wyoming) en un territorio equivalente a la mitad de la Península Ibérica en torno a las Montañas Negras. Hubo incumplimientos, rapiña de tierras indígenas y hasta una guerra, la de Nube Roja, por el control de territorios del norte del actual Wyoming (1866-1868). Pero el descubrimiento de oro en las Colinas Negras en 1874 provocó un alud de colonos y la intervención de un gobierno que necesitaba dinero con urgencia para paliar la crisis económica que se había instalado en el país tras la Guerra Civil (1860-1865). Fue una guerra épica en la que los Lakota se aliaron con los Cheyenne bajo el liderazgo de dos nombres míticos de la nación sioux: Toro Sentado y Caballo Loco. Los indígenas empezaron ganando en Rosebud (17 de junio de 1876) y Litte Big Horn (27 de junio de 1876) –la batalla en la que fueron masacrados el controvertido Teniente Coronel Custer y una buena parte del Séptimo de Caballería-, pero la superioridad tecnológica decantó la guerra del lado de los colonos blancos. Un nuevo tratado dejó buena parte de las Colinas Negras en manos de los mineros y confinó a los Lakota en pequeñas reservas que fueron menguando a lo largo de las décadas siguientes.
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Turistas pasan junto a una de las estatuas que decoran Main Street y las calles adyacentes de Rapid City. icpcnews
Rapid City no es mal lugar para establecer el campo base para explorar las Black Hills. La ciudad es bastante anodina y no cuenta con grandes atractivos patrimoniales o culturales más allá de algunos edificios históricos en la Main Street –con apenas un siglo y poco a cuestas-; las esculturas en bronce de los presidentes; un parque con dinosaurios un tanto ‘Kitsch’ y el más que interesante Museo del Aire y el Espacio de Dakota del Sur (Davis Drive, 2890; Tel: (+1) 605 385 5189; Ver Horarios ). Pero alojarse aquí es mucho más barato que hacerlo dentro de los límites de los parques nacionales y las distancias permiten ir y volver en el mismo día (33 kilómetros a Monte Rushmore ó 66 a Deadwood).
Dos rutas para conocer lo mejor de las Black Hills desde Rapid City
Las dos rutas que te ofrecemos son a modo orientativo. Si vas a estar aquí sólo un día puedes intentar hacerlo todo o escoger lo más importante. Creemos que los hitos imprescindibles son Deadwood, Monte Rushmore, Memorial caballo Loco y el Parque Natural Custer. Pero sólo en este último merece la pena estar cinco o seis horas si no más. Como siempre te decimos, creemos que es mejor dedicar dos o tres días a un destino y verlo de verdad que coleccionar muchos lugares. Pero bueno, eso depende del tiempo que tengas. Todos los lugares están ordenados de Norte a Sur para que sea más fácil orientarse. El coche de alquiler o la moto son imprescindibles si quieres verlo todo.
RUTA NORTE
Una de las muchas cascadas de agua que adornan el espectacular Spearfish Canyon. Jay Gannett
Spearsfish Canyon (88,6 kilómetros desde Rapid City).- Esta maravilla natural está situada a apenas 45 minutos ya que gran parte del recorrido se hace a través de la autopista 90 que bordea las montañas por su flanco este. Este estrecho cañón horadado por el Arroyo Spearsfish fue uno de los escenarios de la mítica película Bailando con Lobos y guarda algunos rincones preciosos como el Velo de la Novia (una cascada que pese a no ser muy grande es muy bonita) y lugares muy especiales para la nación sioux como la Cueva Comunal. La ruta que te proponemos asciende a la vera del arroyo hasta llegar a Cheyenne Pass y de ahí tomar el desvío hasta Deadwood.
Las efigies de Monte Rushmore representan a los cuatro presidentes que asentaron el país durante los primeros 150 años de historia de los Estados Unidos. David Brossard
Deadwod (39,1 kilómetros desde Spearsfish Canyon).- Deadwood se fundó en 1876 como campamento de mineros –fue el detonante de la guerra- y pronto se convirtió en uno de los típicos pueblos de frontera lleno de pioneros, buscavidas, trileros, delincuentes, empresarios del juego, el alcohol y una verdadera legión de prostitutas. Aquí vivieron sus últimos años verdaderas leyendas del oeste americano como Wild Bill Hickok y Calamity Jane. Y el pueblo aún conserva esa aura de pueblo del salvaje oeste. Tiene un par de interesantes museos históricos , un bonito casco con casas al más puro estilo western y algunas viejas minas de oro que se pueden visitar. Los antiguos agujeros en la montaña han sido sustituidos por grandes explotaciones a cielo abierto. Algunas de estas grandes minas se pueden visitar. También hay un museo de la minería bastante interesante.
Casas históricas en la Main Street de Deadwood. Madeleine Deaton
Monte Rushmore (99,6 kilómetros desde Deadwood) .- La carretera 376 atraviesa en corazón del Parque Nacional de las Colinas Negras de norte a sur. El firme está en muy buen estado y la vía es cómoda. Si vas a tiro hecho en poco más de una hora y cuarto estarás ya frente las efigies de los cuatro presidentes; si tienes tiempo hay un par de lugares en los que merece la pena pararse: como el Monte Custer (desde dónde hay impresionantes vistas) . Hay un sendero que recorre las partes más interesantes del monumento, un centro de interpretación y una tienda de recuerdos. Al anochecer (entre los meses de mayo y septiembre) hay un espectáculo de luces que se proyectan sobre el monumento en el que explican la historia del lugar y todas esas cosas. No lo vimos pero dicen que está bastante bien. Ideal si te puedes quedar aquí un par de días. No se paga entrada pero sí un precio de 10 dólares por coche.
Obras en Crazy Horse Memorial, el monumento que honra la memoria de los nativos que lucharon contra la invasión blanca. Bernard Spragg. NZ
Memorial Caballo Loco (25,5 kilómetros desde Monte Rushmore).-Aunque la cosa, como decíamos antes, es un poco a ver quién la tiene más grande, sería una pena no aprovechar la ocasión para ver el lugar que más allá de la escultura también cuenta con un centro de interpretación sobre los sioux, sus costumbres y su historia, algo que se echa mucho en falta en otros lugares. Parece mentira que en Rapid City, por ejemplo, no haya un museo dedicado a las mujeres y hombres que vivieron aquí antes de la llegada de los colonos. Ese es uno de los aciertos del Memorial Caballo Loco, la reivindicación de los verdaderos dueños de estas tierras. También te cobran por coche (30 dólares si van más de dos personas y 24 si van dos).
FUERA DE RUTA : Para los amantes de los trenes, en el pequeño pueblo de Hill hay un viejo tren de vapor que sigue recorriendo las viejas vías que serpentean entre las montañas. El 1880 Train parte desde Hill y llega hasta Keystone. Un paseo de poco más de dos horas que, si tienes tiempo, merece la pena. Además el Main Street de Hill es como un escenario de película del oeste.
RUTA SUR
Sylvan Lake, uno de los cinco pequeños lagos del Custer Estatal Park. Sharon Mollerus
Custer Estatal Park (59 kilómetros desde Rapid City; 31,3 kilómetros desde Monte Rushmore) .- Es una de las maravillas naturales de los Estados Unidos. A la altura de otros lugares míticos como los bosques de Alaska o Yellowstone. Un verdadero paraíso natural de bosques y pequeños lagos dónde puedes ver al bisonte americano, el mítico búfalo, campando a sus anchas. Hay multitud de senderos y las rutas panorámicas te permiten recorrer gran parte de la superficie del parque con el coche.
Wind Cave National Park (33 kilómetros desde Custer Estatal Park) .- Dicen que es una de las cuevas más grandes y complejas del mundo. Lo mejor, más allá del boquete y sus raras formaciones de calcita, es el entorno que alterna áreas de pradera y algunas manchas de bosque de pinos ponderosa donde puedes ver bisontes americanos, ciervos, alces, zorros y demás familia. También los simpáticos pero huidizos perrillos de las praderas.
OTRAS VISITAS DESDE RAPID CITY
Formaciones geológicas en Badlands National Park. Jay Gannett
Parque Nacional Badlands (101 kilómetros desde Rapid City).- Tierras malas, según la traducción literal. Este espectacular paisaje es el fruto de millones de años de acción paciente de la naturaleza. Una obra maestra de la erosión que encontró rendijas para destruir la pradera creando un paisaje de formas fantasmales dónde los diferentes sedimentos que se depositaron a lo largo de las eras geológicas quedaron al descubierto. Una maravilla cuajada de fósiles que es un verdadero libro sobre la historia natural del planeta.
La Devi's Tower, uno de los iconos naturales más espectaculares de los Estados Unidos. Aunque se encuentra en Wyoming forma parte de las Black Hills. Don Merwin
Devil`s Tower (172 kilómetros desde Rapid City).- Aunque está en el estado de Wyoming se la considera como parte de las Colinas Negras. Para cinéfilos decir que se trata de la montaña en forma de cilindro que sale en la película Encuentros en la tercera fase. Esta masa de rocas espectacular formada por columnas de lava de forma exagonal era un lugar sagrado para los lakota. Lo llamaban Mato Tipila (guarida del oso) y creían que las columnas eran las huellas de las garras de un oso gigante.