miércoles, 4 de marzo de 2020

Confirmado por primera vez el papel del cambio climático en los incendios devastadores de Australia

Nueva Gales del Sur anunció este martes su primer día sin fuegos desde julio, y los efectos de los incendios continúan tanto para la población humana como para los millones de animales afectados

El fuego incontrolado se aproxima al pueblo de Yanderra, en Nueva Gales del Sur, a finales de diciembre de 2019. WIKIPEDIA

Un grupo de científicos internacionales confirma por primera vez el papel del cambio climático en los fuegos devastadores que Australia ha experimentado este año. Según el equipo de World Weather Attribution, el calentamiento global incrementa al menos un 30% la probabilidad de que Australia sufra incendios extremos aunque sospecha que se trata de una cifra a la baja, ya que ha constatado que los modelos subestiman las tendencias que se observan en las olas de calor.
La investigación, que comenzó hace ocho semanas y tiene como fin establecer hasta qué punto el cambio climático afecta a la aparición e intensidad de este tipo de eventos en el sureste de Australia, advierte además que si las temperaturas globales aumentan 2 °C esto supondrá que los incendios serán como mínimo cuatro veces más frecuentes.
De las tres variables que se analizaron a través de observaciones y modelos climáticos –el riesgo de incendio, las temperaturas altas y la falta de lluvias–  dos de ellas, los incendios y las temperaturas altas, mostraron una tendencia clara a presentarse de forma más habitual desde que empezaron los registros: 1900, en el caso de las temperaturas, y 1979 para el índice de incendios. En el caso de las sequías, a pesar de que 2019 ha sido el año con menos lluvias desde que se tienen datos, no pudieron encontrar ninguna relación directa.
"Sabíamos que esta investigación iba a ser más complicada que todo lo que habíamos hecho antes porque en los incendios hay una relación muy compleja entre las variables", dijeron los autores en una conferencia de prensa en línea donde explicaron que el estudio se acababa de enviar para el escrutinio de la revisión de pares, "pero queríamos aportar evidencia científica a partir de modelos bien establecidos que pudieran contrastarse, sobre todo en un momento en que este episodio tiene todavía gran relevancia social".
Aunque los incendios en Australia ya han acabado o se han contenido en la mayoría de las regiones (Nueva Gales del Sur anunció este martes su primer día sin fuegos desde julio), sus efectos continúan tanto para la población humana como para los millones de animales afectados. Sophie Lewis, una de las investigadoras de la Universidad de Nueva Gales del Sur que vive en Canberra, explicó por teléfono cómo ella misma, que suele estudiar el cambio climático como un fenómeno complejo y de sistemas a gran escala, vivió una experiencia traumática por tener que encerrarse varias semanas en casa para evitar el humo que llegaba a la ciudad.
"Canberra se conoce coloquialmente como la ʽcapital de los arbustos’ porque alrededor se extiende uno de los mayores parques nacionales del continente", dijo a los periodistas, "pero en enero entró en llamas. Hoy se estima que ha perdido hasta el 83% de su vegetación. Por eso nos parecía que era importante estudiar científicamente este fenómeno. El impacto en los ecosistemas y las personas ha sido enorme".
El problema es que, como hemos oído muchas veces, el clima no se corresponde con el tiempo local. A pesar de que los estudios de atribución, en los que se establece la relación entre el cambio climático y los eventos meteorológicos extremos, se vienen realizando desde 2003, todavía se enfrentan al gran reto de manejar diversas variables complejas cuya relación es difícil de determinar. 
"Aunque los modelos climáticos ofrecen muy buenos datos para reproducir los patrones meteorológicos estacionales a gran escala y en periodos largos", puntualizaron varios autores, "no siempre aciertan con los fenómenos extremos. Algunos piensan que eso significa que no se pueden realizar estudios de este tipo, pero nosotros hemos demostrado que no es cierto".
World Weather Attribution ha establecido un protocolo para la atribución con variables claras y transparentes, en las que se contrastan los modelos climáticos con diversas observaciones. Todos los científicos del estudio señalan, sin embargo, que será necesario entender por qué los modelos subestiman las tendencias en las olas de calor para poder mejorarlos.
También para poder confrontar mejor los fenómenos meteorológicos extremos. "Si miramos el mundo, Australia es un país mucho mejor preparado que la mayoría para hacer frente a los incendios", explicó el representante del Centro del Clima de la Cruz Roja, Maarten K. van Aaslt, al presentar su análisis sobre el esfuerzo individual y local en estas regiones para organizarse ante la situación.
"Pero este verano hemos observado que, en ciertos aspectos, los límites se empiezan a superar". La resiliencia, advierte, disminuye a medida que estos eventos se hacen más comunes. "Por lo que, aunque la adaptación es esencial, también debemos empezar a pensar que hay un techo hasta donde nos podremos habituar".

viernes, 31 de enero de 2020

Contaminación, salud y sostenibilidad: ¿deberíamos comer menos pescado?

Hay evidencias de que el pescado contaminado tiene efectos en el neurodesarrollo y el crecimiento fetal pero entre los beneficios en el embarazo están la disminución del riesgo de asma, el aumento de su peso y la mejora en el desarrollo cognitivo. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda evitar el consumo de grandes pescados y, en el caso de embarazadas y niños, limitar su consumo eligiendo preferentemente especies pequeña.

EFE

Se habla mucho de reducir el consumo de carne por motivos ambientales y de salud. ¿Deberíamos hacer lo mismo con el pescado?
Para responder a esta pregunta de manera racional debemos analizar varias cuestiones.

¿Es el pescado necesario para una dieta saludable?

El pescado y el marisco son valiosos alimentos que contienen altos niveles de proteínas y bajos niveles de lípidos. Destacan las grasas insaturadas saludables, vitaminas como la D y la B1 y micronutrientes esenciales como el selenio y el yodo.
Por este motivo son alimentos muy relevantes para las poblaciones más longevas y saludables, como la japonesa y la mediterránea. En estos lugares el pescado y el marisco sustituyen, en gran medida, el consumo de productos cárnicos.
La dieta mediterránea, reconocida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad, es considerada por la comunidad científica como una de las formas de nutrición más saludable y sostenible.

¿El pescado está contaminado?

A pesar de la mejora en las últimas décadas, la contaminación acuática por sustancias tóxicas es alarmante. Las más preocupantes son aquellas que no se pueden metabolizar rápidamente, porque se acumulan en el organismo. Es el caso de metales pesados como mercurio, cadmio y plomo, pero también de sustancias orgánicas como los hidrocarburos aromáticos policíclicos, las dioxinas y muchos plaguicidas.
Los organismos fotosintéticos acumulan pequeñas cantidades de estos contaminantes, pero los seres vivos que se alimentan de otros acumulan los de sus presas. Este fenómeno es conocido como biomagnificación. Los animales con mayores cantidades de sustancias tóxicas en sus tejidos son los grandes depredadores: mamíferos marinos, atunes, tiburones y, por supuesto, el ser humano.

¿Perjudica esto nuestra salud?

Muchas de estas sustancias se relacionan con alteraciones en los sistemas inmunológico y nervioso y enfermedades vasculares. Es algo de lo que advirtieron la FAO y la OMS en su informe publicado en 2010.
Sin embargo, la mayoría de los estudios señalan que la ingesta de pescado está relacionada con una reducción significativa del riesgo de padecer enfermedades mentales, cardiovasculares, derrame cerebral, alzhéimer y diabetes tipo II.
Si bien existen evidencias de que el pescado contaminado tiene efectos en el neurodesarrollo y el crecimiento fetal (bajo peso al nacer), entre los beneficios del consumo de este alimento durante el embarazo destacan la disminución del riesgo de asma, el aumento de peso del bebé y la mejora en el desarrollo cognitivo.
Los expertos coinciden en que los beneficios obtenidos de comer pescado superan los riesgos potenciales que entraña. La especie consumida, así como la cantidad y la frecuencia de consumo, son determinantes en el balance entre riesgo y beneficio. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda evitar el consumo de grandes pescados y, en el caso de embarazadas y niños, limitar su consumo eligiendo preferentemente especies pequeña.
Recomendaciones de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición sobre el consumo de pescado. AESAN - AGENCIA ESPAÑOLA DE SEGURIDAD ALIMENTARIA Y NUTRICIÓN

¿Es el consumo de pescado sostenible?

La sobrepesca es la principal causa de los declives poblacionales observados en especies pesqueras. Los métodos de pesca más frecuentes y dañinos son la pesca de arrastre y la de cerco (53% de las capturas). El 25% de los caladeros está sobreexplotado, y solo un 56% se explota a un rendimiento sostenible, según datos de la FAO.
El incremento de la temperatura del mar forzará a muchas especies a cambiar de hábitat, lo que alterará las dinámicas de los caladeros además de reducirlos. Si añadimos la presión de la pesca ilegal, que supone al menos el 15 % de las capturas mundiales, el panorama no es nada halagüeño.
La acuicultura sostenible se plantea como una de las pocas opciones capaces de satisfacer la demanda creciente de productos pesqueros. No obstante, aplicada de manera intensiva, la sostenibilidad vuelve a vulnerarse.
Un ejemplo cercano es el langostino que se importa de América y Asia al enorme nicho de mercado europeo. Como consecuencia, manglares de gran valor ecológico son sustituidos por granjas de acuicultura. Una pesquería sostenible es posible, pero necesita innovación tecnológica y cambios provenientes de las instituciones reguladoras, y la mitigación urgente del cambio climático.
En conclusión, alimentación saludable y consumo sostenible son compatibles si ejercemos un consumo responsable. Para ello, elijamos pescado y marisco de especies pequeñas y diversas, de procedencia regulada y con certificado de sostenibilidad. Una buena forma de responsabilizarnos de los impactos ambientales de nuestro modo de alimentación es apoyar dietas más respetuosas con el medio natural como la mediterránea que, además, es más saludable.
En este artículo han colaborado Sara Atienza, Alba Casillas, Helena G. Cortés y Andrea Portal, alumnas o egresadas de la URJC que elaboran el blog divulgativo Ecotoxsan.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el original aquí.

martes, 28 de enero de 2020

Incendios, lluvia de ceniza, inundaciones y tormentas de polvo: dos semanas en la Australia apocalíptica

Además de los incendios forestales, las condiciones meteorológicas están oscilando entre extremos en Australia mientras la población se pregunta qué será lo próximo. El lodo y la ceniza arrastrados por la lluvia han matado a cientos de miles de peces, y la tormenta de granizo ha destrozado árboles y ha matado a cientos de murciélagos. Desde que comenzaron los incendios en octubre, han fallecido como mínimo 32 personas y mil millones de animales.

Numerella, Australia: George Burchell nada en el riachuelo Yarrangobilly en las montañas nevadas el primer día en que la autopista de las montañas nevadas se reabre tras un incendio forestal en Nueva Gales del Sur, el 13 de enero de 2019. KIRAN RIDLEY/EUROPA PRESS

En Australia, hablar del clima este verano lleva inevitablemente a hablar del apocalipsis. "¿Cuánto falta para la plaga de langostas?", bromea un residente de Sídney al enterarse de que su ciudad recibirá otra tormenta de granizo gigante justo un día después de que el humo tóxico dejara a la gente encerrada en casa, sin poder refrescarse en la playa pese a los 40 grados de temperatura.
Un camarero sirviendo cafés se fija en las manchas que la lluvia de ceniza deja como pecas en la piel de los clientes fuera del establecimiento. La lluvia de ceniza, un fenómeno tan común que resulta extraño pensar que necesita explicación, es lo que se genera cuando las precipitaciones incorporan el humo, la suciedad y los escombros carbonizados que flotan sobre ciudades y pueblos debido a los gigantescos incendios forestales. Los expertos advierten de que podría tener un impacto devastador sobre el suministro de agua.
El camarero sirve los cafés recurriendo al humor negro: "¿Y ahora qué? ¿Lluvia con SARS [síndrome respiratorio agudo grave, generado por un tipo de coronavirus]?". Son las preguntas desesperadas de este terrible verano australiano al que aún le queda mucho para terminar: ¿qué será lo próximo? ¿Ahora qué vendrá? ¿Qué más tendremos que aguantar?
Lo más evidente y devastador ha sido la tragedia de los incendios forestales. El pasado jueves murieron otras tres personas debido al fuego. Eran tres bomberos estadounidenses que se estrellaron con su avión cisterna. Desde que comenzó el fuego en octubre, han fallecido como mínimo 32 personas y mil millones de animales. En los estados del sudeste australiano se han perdido prácticamente ocho millones de hectáreas, una superficie ligeramente inferior a la de Andalucía.
Pero luego ha venido todo lo demás, con Australia oscilando de forma desesperante de unas condiciones meteorológicas extremas a otro. El pasado miércoles, Melbourne sufría inundaciones repentinas mientras a escasos 200 kilómetros de allí los brutales incendios arrasaban comunidades remotas.
Al día siguiente llegó la lluvia a Sídney. La primera cantidad de agua importante que veía la ciudad y las calcinadas inmediaciones en lo que iba de verano. No alcanzó para apagar los incendios, pero fue un alivio para la población y los niños que chapoteaban en los charcos. También para los bomberos, que aprovecharon el aguacero para controlar la propagación del fuego.

De las inundaciones al polvo y el granizo

Aunque parezca un sacrilegio decirlo, luego están los inconvenientes de la lluvia. El lodo y la ceniza de los incendios forestales fueron arrastrados hasta ríos y canales matando a cientos de miles de peces autóctonos. Despojada de matorrales y maleza por el fuego, la tierra no pudo impedir que se formaran inundaciones repentinas debido a la lluvia. En un parque de animales al norte de Sídney, las inundaciones elevaron el agua en el espacio de cocodrilos hasta un nivel en que los cuidadores se vieron obligados a enfrentarlos con escobas para que salieran de las orillas y volvieran al agua.
Y justo cuando la gente se recuperaba del azote de la lluvia, vino lo siguiente: una potente tormenta de polvo que atacó por el horizonte plano y marrón del oeste de Nueva Gales del Sur, un territorio afectado por la sequía. Ese mismo día llegó el granizo a Melbourne. Trozos de hielo enormes, del tamaño de pelotas de golf, golpeando la tierra.
Fuertes lluvias dan alivio a zonas devastadas por incendios en Australia EFE
Un día después la tormenta de granizo llegó a Canberra destrozando árboles, rompiendo parabrisas y, trágicamente, matando a cientos de murciélagos en un nuevo episodio de pérdida de biodiversidad. Al oeste de Sídney, donde en esta temporada de incendios las Montañas Azules han perdido el 80% de un bosque patrimonio mundial, dos personas fueron hospitalizadas tras ser alcanzadas por rayos durante la tormenta.
La gente de Melbourne se despertó el pasado jueves con el Yarra, el río que serpentea por el centro de la ciudad, de color marrón. La lluvia, marrón debido a las tormentas de polvo, había caído por toda la ciudad y convertido en lodo piscinas y bebederos de los pájaros.
Bombala, Australia: El cementerio de la pequeña ciudad de Bombala que estaba amenazado de incendio el 15 de enero de 2019.. KIRAN RIDLEY/EUROPA PRESS
A finales de la semana pasada, los incendios continuaban causando estragos en el este del país. La gente aún se asfixia con el aire sofocante y cargado de partículas y parece probable que, a partir de esta semana, la ola de calor del oeste se extienda a la costa oriental, lo que hace temer por un empeoramiento de las condiciones.
El inimaginable y devastador verano sigue y el final aún no está a la vista. La población australiana se está haciendo grandes preguntas, como si será posible o no recuperar un día las arrasadas tierras y la asolada vida silvestre; o si la crisis terminará empujando al Gobierno a tomar medidas por la crisis climática. También se preguntan por cosas cotidianas, como qué tiempo hará hoy; en qué niveles está la calidad del aire; o qué incendios hay cerca según una aplicación de teléfono. Nuestras preguntas son las mismas: ¿qué será lo próximo? ¿Ahora qué? ¿Qué más?
Traducido por Francisco de Zárate
Kate Kyons - Sidney (Australia)

viernes, 24 de enero de 2020

Una alerta de hace 15 años subestimada por las autoridades predijo el riesgo para la costa de temporales como 'Gloria'

El episodio confirma el análisis de Medio Ambiente de 2004: el litoral de playas abiertas, largas y de arena fina presenta alto riesgo ante el cambio climático. Los técnicos han avisado de que la regulación costera le ha desprotegido ante el peligro de los fenómenos extremos. Además de la pérdida de playas, Gloria ha causado riadas y crecidas del mar, cortes de carreteras y vías de tren y ha anegado cosechas en Murcia, Catalunya y Baleares. Gloria' ilustra la nueva normalidad climática que afronta España: fenómenos extremos en épocas inesperadas

Vista de las playas de la Barceloneta y del Somorrostro, gravemente afectadas por la borrasca Gloria, que se ha cebado especialmente con el frente marítimo de Barcelona, este jueves EFE/ TONI ALBIR

La borrasca Gloria ha hecho realidad la advertencia lanzada hace más de 15 años por los estudios sobre cambio climático del Ministerio de Medio Ambiente: el litoral del Levante mediterráneo está muy indefenso ante la modificación del clima marítimo que provoca el "retroceso de las playas, inundación y cambios en la línea de costa".
Los desbordamientos de ríos, desaparición de playas y crecidas del mar se han sucedido a lo largo del litoral desde la Región de Murcia, pasando por la Comunitat Valenciana y hasta Catalunya. Las Islas Baleares también han estado en el epicentro de Gloria, un temporal reflejo de la nueva normalidad climática que afronta España. Al menos, 13 personas han perdido la vida. La fachada mediterránea acaba de evidenciar cómo, durante décadas, se ha desprovisto de defensas la primera línea de mar.
Desde el cabo de Gata hasta el delta del Ebro, la costa española presenta una secuencia de playas con gran extensión longitudinal. Abiertas. Con sedimento fino o medio, según la caracterización realizada por Medio Ambiente. "Las playas de arena fina y sometidas a oleajes con periodos cortos son las que mayor riesgo presentan", explicaba el informe sobre Impactos en la Costa Española por efecto del Cambio Climático de 2004 de la Oficina entonces dirigida por la ahora vicepresidenta Teresa Ribera.

De sur a norte

En enero de 2020, el temporal Gloria ha golpeado especialmente los municipios murcianos del Mar Menor, San Javier, Los Alcázares o San Pedro del Pinatar. El Gobierno autonómico ha admitido que "la zona de costa se ha visto seriamente perjudicada de nuevo y han llegado a desaparecer algunas playas". El alcalde de Los Alcázares, Mario Cervera, ha explicado a eldiario.es que "con esta borrasca, estamos ante la tercera inundación en solo cuatro meses, no nos da tiempo a recuperarnos". Las precipitaciones han destruido cosechas e impedido a los pescadores faenar varios días. El 112 ha atendido más de 1.200 llamadas.
Un poco más al norte, el temporal se ha llevado playas como las de la Malvarrosa o el Saler en Valencia, Cullera o Xàbia (Alicante). Se ha desbordado el río Júcar en Cullera y Alberic, llegando a cortar el tráfico en la A-7. El mar frente a las costas valencianas se embraveció más que nunca: olas de más de ocho metros de altura en el litoral de Valencia y Alicante. Las lluvias registradas superaron los 565 litros por metro cuadrado en algunos puntos de la Comunitat como Benissili en Alicante o Pinet en Valencia.
Siguiendo la línea, la borrasca Gloria ha dejado en Catalunya un paisaje de fuertes estragos con ríos y torrentes desbordados, kilómetros de playa engullidos por el mar y afectaciones en múltiples carreteras y vías de tren. El peligro de riada en el Ter ha hecho que este jueves se recomendara a la población permanecer en sus casas en 30 municipios. La acumulación de agua hizo que se abriera el pantano de Susqueda, uno de los cuatro en Catalunya que han superado el 100% de su capacidad estos días.
Cortadas 40 carreteras y 28 con cadenas por nieve en la Comunitat Valenciana EFE
Otros nueve ríos están siendo supervisados por la Agencia Catalana del Agua, entre ellos especialmente el Tordera, que se llevó dos puentes por delante cerca de su desembocadura, uno de ellos ferroviario y que dejará sin servicio de tren a los usuarios de la línea R1 de Rodalies, el sistema catalán de Cercanías, durante más de seis meses.
En el mar, la subida del nivel se ha tragado las playas de numerosos municipios, principalmente en la comarca del Maresme, y ha provocado la entrada de agua en múltiples núcleos urbanos. En Blanes (Girona), el oleaje ha destruido el muro del puerto. Según el Área Metropolitana de Barcelona (AMB), en las playas de la capital catalana se han perdido dos metros y medio de cota de arena. En Baleares se han contado 435 incidentes por culpa del temporal.
El 25% de los 8.000 kilómetros de costa española son playas, según cálculos del Ministerio. La última gran regulación que les afecta fue la reforma de la ley de Costas aprobada por el PP en 2013 que otorgaba una prórroga de 75 años a ciertas construcciones en el dominio público.
Solo un año después, en 2014, el entonces director del Grupo de Dinámica de Flujos Ambientales y del Centro Andaluz de Medio Ambiente, Miguel Ángel Losada, reiteraba la alarma sobre la indefensión de la costa al explicar que "tenemos el 75% del primer kilómetro de la franja costera ocupado frente a ese problema y carecemos del principal elemento de protección de la costa que es los sedimentos de los ríos".
Los sedimentos arrastrados por los ríos son los que terminan por alimentar las playas. En el Mediterráneo, hasta el cabo de Cullera, las playas dependen de lo que sale por la desembocadura del Ebro. Sin embargo, la regulación de cursos, las presas y el desarrollo urbanístico en el litoral han cortado ese flujo de arena. Sin regulación fluvial, el delta del Ebro recibía 30 millones de toneladas anuales. Ahora llegan 100.000 toneladas. Para paliar la falta de flujo arenoso natural, el Estado gasta unos 10 millones de euros anuales en diferentes programas para aportar material a las playas. Arena que luego es erosionada cada vez de manera más virulenta por las consecuencias de la alteración climática. Un ciclo ruinoso.

Humedales costeros

Además de las pérdidas personales y económicas, Gloria ha añadido un fuerte impacto ambiental a zonas delicadas de alta protección que jalonan el Levante. El temporal anegó todo el delta del Ebro y el mar penetró tierra adentro unos tres kilómetros, según el Ayuntamiento de Deltebre. El mar se tragó las playas de la zona noreste. Los agricultores calculan que unas 3.000 hectáreas de arrozales –el 15%– quedaron inundadas con agua salada.
Imágen del satélite Sentinel 1 los días 15 y 21, antes y durante el temporal
En el Mar Menor, el consejero de Presidencia, Javier Celdrán, ha expresado preocupación ante nuevos vertidos de agua dulce a la Laguna ya en colapso ecológico. "Suponen una nueva agresión y un paso atrás en la recuperación que empezamos a ver en el último informe". El alcalde de San Javier, José Miguel Luengo (PP), ha rematado: "Entre el estado del Mar Menor y estos capítulos de inundaciones, no hay tregua". Otra de las emblemáticas lagunas costeras del Mediterráneo, L’Albufera de Valencia, también ha padecido las tormentas. En el parque natural, el nivel del agua ha subido 40 centímetros por encima de lo habitual.
La Asociación Española de Geógrafos repitió hace poco más de un año que el litoral español era más vulnerable al cambio climático debido a la reforma de la normativa costera aprobada en 2013. Los geógrafos solicitaron entonces, ante la llegada del nuevo Gobierno tras la moción de censura, que se modificara la ley para protegerlo de la subida del nivel del mar y los temporales costeros cada vez más virulentos y frecuentes. Hubo temporal destructivo en enero de 2017. En el invierno de 2018 y el arranque de 2019. Gloria ha marcado una nueva muesca en 2020.

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