lunes, 9 de julio de 2018

Las emisiones de CO2 en España crecieron un 4,4% el año pasado, la mayor subida desde 2002

El avance del inventario que el Gobierno envía a la Comisión Europea indica que se lanzaron 338,8 millones de toneladas. La subida se debió, sobre todo, a la generación de electricidad a base de carbón ante la caída de la hidroeléctrica por la escasez de lluvias. España sigue incapaz de desacoplar el crecimiento económico, un 3,1% en 2017, de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Central térmica de As Pontes emitiendo.
Las emisiones en España de CO2, uno de los principales gases de efecto invernadero, crecieron un 4,4% en 2017. Es la mayor subida desde 2002, según el balance provisional que el Gobierno debe remitir a la Comisión Europea.
Este avance del informe anual indica que la escalada provino, especialmente, de la generación de electricidad debido a la mayor producción a base de carbón y la caída de la fuente hidroeléctrica. El año pasado se emitieron 338,8 millones de toneladas de CO2.
Al igual que ocurrió con los niveles de contaminación, el crecimiento económico español se vio ligado a un empeoramiento en las condiciones medioambientales. El impulso en el Producto Interior Bruto (PIB) de un 3,1% durante un curso climáticamente tan seco como 2017, ha dado el resultado de este incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero al echarse mano de las centrales térmicas para satisfacer la demanda eléctrica. 
Los gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono están en la base del proceso de calentamiento global de la tierra que provoca el cambio climático. Este fin de semana pasado se registró una temperatura de 51,3 ºC en Argelia en lo que apunta al registro "fiable", según los técnicos, más elevado detectado en África. Vuelve a subir la contaminación del aire en España, incapaz de crecer sin elevar la polución
Este balance refleja "que es necesaria una mayor penetración de las fuentes renovables a la vez que desacoplar el crecimiento económico de las emisiones", ha dicho tras conocer el inventario el nuevo secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán.

martes, 5 de junio de 2018

La NASA vive con miedo el negacionismo de Trump sobre el cambio climático

Laura Tenenbaum, extrabajadora de la NASA, asegura que se le desaconsejó utilizar el término "calentamiento global" en las redes sociales. Al personal de la agencia le preocupa que Trump recorte la financiación al trabajo de la NASA sobre el calentamiento global.

Trump muestra el Acta de Autorización de Transición de la NASA que firmó en la Casa Blanca en marzo de 2017. EFE
La producción en la NASA de información sobre el cambio climático dirigida al público se ha reducido bajo la Administración de Trump. Una antigua empleada afirma que el “miedo y la ansiedad” en la agencia han provocado una retirada en la red sobre este asunto.
Laura Tenenbaum, exdivulgadora científica para la NASA, asegura que se le desaconsejó utilizar el término “calentamiento global” en las redes sociales y se le restringió hablar con los medios a causa de su dedicación al cambio climático. VIDEO: NASA ilustra cambio climático
“El argumento de la NASA es que todo sigue igual, pero eso no es cierto”, señala Tenenbaum, que dejó la agencia en octubre tras una década de trabajo. “ Han dejado de promover y de hacer hincapié en la comunicación sobre ciencia climática. La han minimizado. A personal de la agencia le preocupa que Trump recorte la financiación a la ciencia sobre el clima. “Hay miedo y ansiedad y la consecuencia es el caos”, añade.
Tenenbaum afirma que un mes después de la proclamación de Trump comenzó un “arduo proceso de revisión” de todas sus publicaciones en Facebook, en el blog y en Twitter lanzadas desde el Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA en California.
“El departamento de comunicación me dijo que con Trump como presidente el cambio climático se había convertido en un tema delicado”, recuerda. “Había confusión sobre qué hacer ahora que tenemos un presidente que no cree en el cambio climático. Nadie sabía qué hacer. Era caótico”, añade.
Publicaciones programadas para el blog sobre centrales de carbón convertidas en plantas solares, “razones para ser positivos con la NASA”, así como una entrevista con Gavin Schmidt, un experto de la NASA en ciencia climática, se paralizaron debido a la interferencia del personal de carrera, nervioso ante la posibilidad de provocar a la nueva Administración, según Tenenbaum.

Poca actividad en redes sociales

Los datos muestran que ha habido una notable reducción en la producción de información climática de la NASA desde la elección de la Administración de Trump. Durante 2016, la NASA publicaba a menudo en su página de Facebook sobre el cambio climático, con un pico de 122 publicaciones en agosto de ese año, según CrowdTangle.
En enero de 2017, el mes de la inauguración de Trump, se publicaron 53 entradas en Facebook y desde entonces la NASA no se ha vuelto a acercar a esta cifra, con 21 entradas en marzo de este año y 31 en abril.
Esta caída en publicaciones ha resultado en una mengua de las interacciones con la gente en Facebook. En enero de 2017 hubo más de 61.700 interacciones –definidas como 'likes', comentarios y número de veces compartido– en la página de la agencia dedicada al clima. Desde entonces esta cifra se ha desplomado drásticamente, recibiendo un total de tan solo 7.000 interacciones en abril. En abril de 2016, bajo la Administración de Obama, hubo más de 100.000 interacciones.
El blog Earth Right Now de la NASA, para el que escribía Tenenbaum, también ha visto una reducción de actividad, con solo dos posts originales publicados desde la última entrada de Tenenbaum en agosto de 2017. Antes de tomarse una excedencia y posteriormente dimitir, Tenenbaum asegura que se le desaconsejó hablar con los medios y que se le ofreció otro trabajo en la agencia.
La página web y la cuenta de Facebook de la NASA sobre cambio climático siguen destacando claramente sus conclusiones, similares a otras organizaciones científicas: que el mundo se está calentando y que el nivel del mar está creciendo.
Un portavoz de la NASA sostiene que no se ha producido “un cambio de política sobre la forma de divulgar el conocimiento científico al pueblo estadounidense”. “El departamento de comunicación de la NASA no ha recibido ninguna directiva para cambiar cómo comunicamos las investigaciones de la agencia, que incluyen el cambio climático”, añade.
“La frecuencia de entradas en el blog climate.nasa.gov siempre ha variado dependiendo de la disponibilidad del personal y de otros factores, incluidos misiones (lanzamientos, expediciones sobre el terreno, etc)”, señala el portavoz.
Ha habido cierta angustia dentro de la NASA por la aversión de Trump a la ciencia climática –que previamente había calificado de “idiotez” y “fraude” inspirado por China– y el desmantelamiento de los esfuerzos de la Administración para abordar el calentamiento global.
La propuesta de la Casa Blanca de recortar la financiación al trabajo científico de la NASA, que utiliza satélites para medir la temperatura del planeta, los suelos, los incendios forestales y los fenómenos meteorológicos como los huracanes, también es un punto de debate.
Un científico de la agencia, que prefiere no dar su nombre, señala: “Algunos están nerviosos, otros rebeldes y otros siguen trabajando duro y lo aguantan”.
La NASA todavía no ha alcanzado el nivel de polémica que rodea a la Agencia de Protección Ambiental, cuyo director, Scott Pruitt, ha negado hechos clave sobre ciencia climática, ha remodelado comités científicos para incluir a más representantes de la industria y ha supervisado la eliminación de información sobre el cambio climático de su página web para someterla a una “revisión” que ha durado más de un año.
Kate Marvel, científica climatológica de la Universidad de Columbia y del NASA Goddard Institute, afirma que nadie le ha pedido que se calle. “La física no cambia por un cambio de Administración”, señala Marvel. “Mi trabajo es entender cómo funciona el planeta y seguiré haciéndolo”, añade.
Jim Bridenstine, nuevo director de la NASA y antiguo congresista republicano, ha expresado previamente sus dudas sobre la idea generalizada de que el mundo se está calentado a causa de la actividad humana. Pero aparentemente cambió su postura durante un encuentro televisado con trabajadores de la agencia a principios de este mes.
“No niego el consenso, creo absolutamente en el cambio climático y que nosotros, seres humanos, estamos contribuyendo al mismo de una forma significativa”, afirmó Bridenstine, añadiendo que el dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero. “Lo estamos soltando a la atmósfera en cantidades nunca vistas. Somos responsables de ello”, añadió.
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

lunes, 16 de abril de 2018

Trump quiere permitir que los coches contaminen más, pero lo tiene bastante complicado

El principal problema al que se enfrentan tanto fabricantes como usuarios en EEUU es que el precio del combustible es engañosamente bajo.California es uno de los estados que ha demandado al Gobierno federal por permitir un recorte de las exigencias medioambientales a la industria automovilística. Todo lo que el Gobierno de Trump ha hecho contra la protección del medio ambiente

El principal problema para los fabricantes es que la gasolina es demasiado barata EFE
La Agencia de Protección Ambiental de EEUU, EPA en sus siglas en inglés, anunció la semana pasada que iba a  derogar los estándares de eficiencia del combustible que se pusieron en marcha durante la Administración de Obama y que los remplazará por requisitos más flexibles. La EPA también ha amenazado con revocar las competencias que la Ley de Aire Limpio concede a California para imponer sus propios estándares de gases de efecto invernadero. Si lo hace, el fiscal general de California demandará a la EPA.
Esta demanda tendría un largo proceso judicial durante años y, mientras tanto, los estándares más estrictos de California seguirían vigentes. Otros 12 estados han adoptado estos estándares que, junto a California, representan un tercio de las ventas de coches nuevos en EEUU. Estándares federales más flexibles en torno al combustible no ayudarían mucho a la industria automovilística de EEUU si no se pueden aplicar a un tercio de las ventas nacionales.
La Administración de Obama puso en marcha controles más estrictos después de que el Gobierno federal se viera obligado a rescatar a la industria del automóvil. Golpeados por la recesión global de 2008 y por un repunte en el precio del combustible, los fabricantes de automóviles de EEUU, cuyos diseños eran menos eficientes que el de sus competidores extranjeros, se encontraban en una situación financiera crítica.
La industria automovilística aceptó el rescate federal y no luchó contra los estándares de eficiencia más estrictos, hasta que Donald Trump llegó a la Casa Blanca. California también aceptó dichos estándares en 2008 y ahora quiere usar la autorización que le da la Ley de Aire Limpio para mantenerlos.
La industria del automóvil ha sostenido que los bajos precios de la gasolina son el problema, pero ese no es un problema que quieran resolver. De hecho, los fabricantes de automóviles de EEUU están en camino de cometer los mismos errores que llevaron al colapso de esta industria hace una década:
La gasolina estadounidense es demasiado barata
Aparte de Rusia, ningún país desarrollado tiene los precios de la gasolina tan baratos como EEUU. El precio en Australia es el que más se acerca, aunque es un 35% más cara que la gasolina estadounidense. Los precios de Canadá son un 46% más caros y en Europa es más o menos el doble de caro.
La queja principal de los fabricantes es que no pueden cumplir con los estándares bajos porque el hecho de que el precio de la gasolina sea tan bajo está provocando que más y más estadounidenses quieran adquirir camiones y todoterrenos que funcionan con gasolina. El problema no es tecnológico: todas las grandes marcas ofrecen una gama de vehículos híbridos, híbridos que se enchufan y completamente eléctricos, pero a día de hoy solo representan un 3% de las ventas de coches en EEUU.
También es importante señalar que los precios de los combustibles de EEUU son artificialmente bajos porque no reflejan los costes asociados a los daños del cambio climático. Esto se conoce como el 'coste social del carbono', el dinero que pagan los contribuyentes para costear los daños adicionales provocados por desastres naturales intensificados por el cambio climático como por ejemplo los huracanes, las inundaciones, las sequías, las olas de calor etc.
Los economistas denominan a estos costes 'externos' porque no están reflejados en el precio de mercado de los combustibles fósiles. Poner precio a este tipo de contaminación es de manual y el  95% de los economistas apoyan tanto el precio de la contaminación del carbono así como los estándares en torno a las normas de eficiencia de los combustibles.
La solución no podría estar más clara, pero se trata de una de la que la mayoría de los estadounidenses no quiere oír hablar: la gasolina debería ser más cara.

Un impuesto al carbono como solución

Los fabricantes admiten que el problema es la demanda de los consumidores de vehículos que gastan mucha gasolina. Los conservadores, por su parte, admiten estar preocupados por la cada vez mayor deuda nacional (a pesar de haber aprobado un recorte fiscal de un billón de dólares). Los defensores del medio ambiente y los científicos quieren erradicar la contaminación del carbono. Donald Trump está preocupado por el deterioro de la infraestructura de EEUU. Los estándares más estrictos ahorrarían  1,7 billones de dólares en combustible para el año 2015: comprar coches ineficientes cuesta dinero a los estadounidenses.
Donald Trump en la cabina de un camión en marzo de 2017 al recibir en la Casa Blanca a un grupo de camioneros. BENJAMIN APPLEBAUM / CASA BLANCA
Implementar una tasa sobre la contaminación del carbono podría solucionar todos estos problemas.
  • Aumentaría los precios del combustible, lo que haría que aumentase la demanda de los consumidores de coches de bajo consumo, permitiendo de este modo que los fabricantes puedan cumplir fácilmente con los estándares más rigurosos.
  • Tener flotas de bajo consumo también protegería a los fabricantes de EEUU la próxima vez que los precios de la gasolina tengan un repunte y que la demanda de coches más económicos aumente, como sucedió en 2008.
  • Al reducir el consumo de combustible, una tasa sobre el carbono podría reducir la contaminación por carbono en EEUU, algo que ayudaría a abordar el cambio climático.
  • Se generarían enormes ingresos que se podrían utilizar de diferentes maneras como reducir el déficit, recortar otros impuestos o financiar proyectos de infraestructura.
  • O, para atenuar el impacto financiero del aumento de los precios del combustible en las finanzas de los estadounidenses, los ingresos podrían ser devueltos de manera parcial o total a los contribuyentes. Esto estimularía el crecimiento económico.
En definitiva, es el tipo de política que deberían apoyar todos aquellos que buscan lo mejor para EEUU a largo plazo. Desafortunadamente, no es lo que quieren los protagonistas de esta historia.

Un intento de pactar con el diablo

Los fabricantes de coche no abogan por un impuesto sobre el carbono porque sus modelos más rentables son camiones y todoterrenos ineficientes. Esto es lo que dijo un portavoz de este grupo de fabricantes a Los Angeles Times: "Los fabricantes necesitan vender los vehículos que los clientes necesitan hoy para financiar los cambios tecnológicos y los procesos hacia el vehículo eléctrico y autónomo que se esperan en el futuro".
Esta es una forma amable de decir que los fabricantes quieren maximizar sus ganancias a corto plazo vendiendo devoradores de gasolina. Así que, en lugar de replantearse lo anterior,  contrataron a un grupo para que presentase un informe que niega el cambio climático a la EPA y pidieron a su máximo responsable, Scott Pruitt, que negociase estándares para California menos rigurosos. El New York Times ha informado de que las negociaciones continúan de forma discreta, pero hasta el momento los comentarios de Pruitt no han sido muy alentadores.
De hecho,  la notificación de la EPA en la que se deroga el estándar fijado anteriormente ni si quiera menciona el cambio climático o la salud pública, que son los principales factores en los que se apoya la normativa. En su lugar, Pruitt simplemente recortó el estándar federal y amenazó con llegar hasta el final y revocar la capacidad de California de establecer sus propios estándares. California respondió amenazando a la EPA con llevarla a los tribunales. Los fabricantes de coches no están nada contentos con todo esto.
Pero es culpa de ellos confiar en un administrador de la EPA que saben es un títere e ideólogo de los combustibles fósiles, en lugar de defender un impuesto sobre el carbono beneficioso para todos. Este impuesto les perjudicaría a corto plazo en sus beneficios, aunque otorgaría a la industria estabilidad y seguridad a largo plazo. En cambio, es muy probable que tengan que lidiar con la incertidumbre de un proceso judicial y con los requisitos para cumplir con dos legislaciones diferentes.
Esto es lo que dijo la presidenta de la Junta de Recursos del Aire de California Mary Nichols el año pasado: "Quiero dirigirme a los representantes de la industria que están aquí para preguntarles ¿en qué estaban pensando cuando se arrojaron en brazos de la Administración Trump para que les resolviera sus problemas?".
En declaraciones públicas, las marcas de coches y las petroleras apoyan un impuesto sobre el carbono. General Motors, ExxonMobil, Shell, Total y BP son incluso miembros fundadores del  Consejo de Liderazgo Climático –un grupo dirigido por veteranos dirigentes del Partido Republicano, pero también apoyado por personalidades como Stephen Hawking, Steven Chu y The Nature Conservancy, una organización sin ánimo de lucro que tiene como objetivo implementar un  impuesto sobre el carbono neutral con respecto a los ingresos.
Sin embargo, cuando se ha presentado una legislación similar en el Congreso, las petroleras y la industria de automoción se han negado a apoyarla, y los legisladores republicanos inevitablemente la han rechazado.
En este caso, la industria de automoción trató de eludir el problema manteniendo los beneficios a corto plazo asociados a la venta de automóviles muy contaminantes. Pero en lugar de esto, se van a terminar quemando. Todavía tienen que cumplir con los rigurosos estándares de California, a pesar de la demanda relativamente baja de vehículos económicos porque los precios del combustible son artificialmente baratos. Así que tendremos que seguir esperando a que suficientes republicanos apuesten por un impuesto sobre el carbono que satisfaga a todos.
Traducido por Cristina Armunia Berges

martes, 10 de abril de 2018

Crecer sin contaminar

Un artículo científico de este verano afirma que la probabilidad de no incrementar en 2ºC en 2100 la temperatura del planeta respecto al periodo preindustrial (los objetivos de París de cambio climático) es de solo un 5%.

EFE
Un artículo científico aparecido este verano afirma que la probabilidad de no incrementar en 2ºC en 2100 la temperatura del planeta respecto al periodo preindustrial (cumplir con los objetivos de París de cambio climático de 2015) es de solo un 5%. Es un argumento más que desmonta el último (y efímero) triunfo dialéctico del capitalismo: haber convencido a unas cuantas esferas de la sociedad, algunos grupos ecologistas incluidos, de que se puede crecer sin contaminar.
Esta afirmación parte de una foto fija de corto recorrido mostrada en la figura 1. En ella, se observa cómo las emisiones de CO2 se han estancado desde 2014. Esto, mientras el PIB mundial creció a un ritmo del 2,6 % en el periodo 2012-2016 1. Sería por fin la materialización del tan teorizado desacoplamiento entre crecimiento e impactos reivindicado como posible por las voces más tecno-optimistas.
Figura 1: Emisiones de CO2 por el uso de combustibles fósiles y de la producción de cemento. Fuente: Trends in Global CO 2 Emissions.
Esta imagen tiene un efecto tranquilizador muy preocupante. En primer lugar, puede desviar el foco de aquello que deberíamos mirar: lo que realmente importa, a la hora de la verdad, es la concentración de CO2 en la atmósfera mostrada en la figura 2, que no ha parado de aumentar.
Figura 2: Concentración de CO2 en la atmósfera. Fuente: CO 2 Earth.
En segundo lugar, se da por sentado que esta estabilización es el pico definitivo de las emisiones, que por fin se ha conseguido lo más difícil, y que a partir de ahora la caída vendrá prácticamente sola. Pero el recorrido de la figura 1 es tan pequeño, que cualquier voz sensata habría reclamado más tiempo para comprobar si estamos frente a una fluctuación coyuntural o frente a un cambio de tendencia antes de lanzar las campanas al vuelo. De hecho, el PIB mundial solo ha crecido entre 2012 y 2016 si se corrige con la inflación, lo que indica que, como poco, el desacoplamiento es dudoso.
Un dato que alimenta la idea de que estamos comenzando a bajar el tobogán es que mientras que la reducción en la intensidad de carbono de la economía global (las emisiones de CO2 por unidad de PIB con la inflación corregida) fue solo de 1,3% en el período 2000-2014, en 2015 fue de 2,8%. Es decir, para producir la misma cantidad de “riqueza” (dólares) se emite ahora menos CO2 que antes. Sin embargo, es preciso colocar esta mejora en contexto para poder evaluar la viabilidad real de desvincular de manera significativa las emisiones del crecimiento. Según Price Water Coopers, si queremos cumplir con los objetivos de París, el ritmo de bajada de la intensidad de carbono necesita alcanzar el 6,5% anual (un ritmo sin precedentes en la historia). Y eso es en un mundo profundamente injusto y desigual, porque las reducciones en la intensidad de carbono necesarias en un mundo en el que haya igualdad distributiva en el acceso a los recursos (los países empobrecidos se sitúen al nivel de la media europea en 2050 y los enriquecidos sigan creciendo a un ritmo moderado del 2%) serían mucho mayores: La intensidad de carbono per cápita mundial no debería ser mayor de 6 gramos de carbono por cada dólar generado ese año. Los niveles hace apenas unos años eran de 768 gramos de CO2 por cada dólar 2, con lo cual en realidad necesitaríamos reducciones del 11% anual, lo que nos da idea de que quizás se esté cantando victoria de forma prematura.
En tercer lugar, hay varios elementos ocultos en la figura 1 que conviene señalar. A saber:
No está todo el CO2. La gráfica se refiere al CO 2 procedente del uso de combustibles fósiles y de la producción de cemento, que en efecto es el grueso de las emisiones de CO 2 . Sin embargo, no están las derivadas de los cambios de uso del suelo. Ni tampoco están las de la aviación y el comercio marítimo internacional, que juntas representan un importante porcentaje (del orden del4 - 9 % ) del que nadie se hace cargo, como si no existieran. El transporte internacional podría llegar a ser responsable del 39% de las emisiones totales mundiales en 2050 si siguen sin regularse, de acuerdo a un estudio publicado por el Parlamento Europeo. También faltan las derivadas d e las operaciones militares, que son cuantiosas.
China y el carbón. Si China no hubiera experimentado una acusada reducción en el uso del carbón a partir de 2014, probablemente no se hubiera producido la foto global de la figura 1, ya que la bajada porcentual de emisiones de otros actores globales como EEUU o la UE ha sido muchísimo más modesta (ver figura 3). Las emisiones de China crecieron a un ritmo de un 6,7% anual durante la década anterior a 2014, en que el consumo del carbón aumentó vertiginosamente. A partir de ese año, el consumo se estabilizó y las emisiones crecieron mucho menos, subieron las renovables (principalmente la hidráulica) y aumentó porcentualmente el uso del petróleo y también del gas natural, que pasó de proporcionar el 13% de la energía primaria al 24%. Pero la razón principal para este menor uso del carbón es simplemente que se dejó de consumir energía al ritmo que se venía haciendo, ya que el rampante crecimiento económico que China experimentó en la década de los 2000 (a razón de más del 10% anual) se debilitó (7,3% en 2014, 6,7% en 2016). Lo cual implicó menos construcción de infraestructuras, menos producción de acero y cemento, y menos necesidad de quemar carbón para producirlo. Tres cuartas partes de la bajada en el uso del carbón se han debido al cese parcial en la construcción. Pero las plantas de carbón siguen ahí, solo que ahora funcionan a una menor capacidad. Ya no se construyen 2-3 centrales térmicas a la semana como en la década de los 2000, pero tampoco se desmantelan. Y de hecho hay más de 200 nuevas plantas que podrían ser autorizadas, con lo cual la idea de un cambio de tendencia en el modelo energético puede que no encuentre un respaldo sólido. Por último, hay que apuntar a la falta de fiabilidad de las estadísticas chinas, que siempre generan suspicacias e incertidumbres.
Figura 3: Cambio en las emisiones de CO2 de distintos países o bloques de países (RoW es resto del mundo). Fuente: Reaching Peak Emissions.
Mejorar es relativamente fácil, si la situación de partida es pésima. Cuando se esgrime la figura 1 como la evidencia de que se ha alcanzado el pico de emisiones, se da por hecho en seguida que está operando un cambio global de paradigma en el modelo energético y que el desarrollo imparable de las renovables es motor indudable del pico. Las renovables en efecto han experimentado un fuerte desarrollo. En 2016, crecieron un 9% y fueron responsables del 54% de la nueva capacidad de generación eléctrica ese año. Pero es importante ser conscientes de que las renovables representaban apenas el 18% del suministro eléctrico en 2010. Obtener cifras de fuerte aumento a poco que suba la inversión puede conducir a una percepción distorsionada, si la situación de partida es manifiestamente mejorable. La otra cara de la moneda es que los combustibles fósiles también aumentan. Un verdadero cambio de paradigma debería mostrar que mientras las renovables aumentan, los combustibles fósiles retroceden. Sin embargo, una quinta parte de la nueva capacidad eléctrica en 2016 la aportó el carbón y casi otro tanto el gas. Además, la electricidad solo genera una parte de las emisiones procedentes de la energía. Según la Agencia Internacional de la Energía ( AIE), contabilizando como renovables la gran hidráulica y la quema de biomasa y residuos, en 2015 las renovables fueron un 14,1% del consumo energético mundial. Es decir, más de un 85% de la energía primaria proviene de fuentes altamente contaminantes. Datos de este mismo organismo estiman que en 2021 las renovables proporcionarán apenas un 28% de la electricidad, un 10% del transporte, y un 4% de la calefacción. Este ritmo moderado de crecimiento previsto en renovables no parece casar con los requisitos de mejora en la intensidad de carbono expuestas anteriormente, necesarios para consolidar ese pretendido desacoplamiento entre crecimiento económico y emisiones en consonancia con el Acuerdo de París.
No es CO2 todo lo que calienta el clima. Hay otros gases de efecto invernadero (GEI) que no entran en esta foto (metano, óxido nitroso, HCFCs...). Transformando su contribución a equivalentes de CO2 (CO2eq), en 2016 estábamos ya en 489 ppm. Los CO2eq podrían estar aumentando a razón de 4-5 ppm/año y a este ritmo alcanzarán las 500 ppm antes de 2020. El principal GEI, aparte del CO2, es el metano, que tiene un potencial de calentamiento 86 veces superior al CO2 durante los primeros 20 años de vida. Estudios recientes muestran que en los últimos 5 años el metano ha aumentado su concentración en la atmósfera veinte veces más rápido que en la década anterior. Aún se discute sobre las causas, pero el aumento podría deberse a una mayor explotación del gas natural (en especial a raíz del auge del fracking) por las fugas de metano asociadas, que lejos de estar bien contabilizadas y controladas, estarían anulando las ventajas climáticas del gas, menor emisor de CO2 en la combustión. Esto es crucial porque el mayor uso del gas natural, en sustitución de carbón, está siendo presentado precisamente como una de las razones por las que el CO2 ha disminuido en la figura 1, con lo cual nos estaríamos haciendo trampas al solitario.
Contabilidad engañosa. Las políticas climáticas internacionales han servido recurrentemente para maquillar los datos al permitir que el grueso de la reducción de emisiones se realice en otros países (si es que se realizan). Sistemas como los créditos de carbono, han permitido la contabilidad dudosa o incluso falsa. Hay países que han hinchado sus emisiones base para poder gozar de más margen, y otros que compran créditos fraudulentos que no representan reducciones reales de emisiones. Así mismo, se contabilizan como neutras en carbono políticas que en absoluto lo son, como la quema de biomasa o los biocombustibles. Todos estos engaños distorsionan la figura 1, que podría no estar reflejando una situación real.
Concluyendo, todo parece indicar que realmente no se está produciendo un desacoplamiento entre el PIB y las emisiones de CO2 y, mucho menos, del conjunto de gases de efecto invernadero. Esto tiene una implicación fuerte y es que, una vez más, se muestra como el capitalismo, con su necesidad estructural de crecimiento, no es compatible con la lucha contra el cambio climático. Ni siquiera lo es con el cumplimiento de algo tan pobre como lo discutido en París.
En último término, la inexistencia del desacomplamiento no sería una mala noticia, simplemente la constatación de la necesidad imperiosa de cambio de sistema. Lo que realmente podría ser una mala noticia es que ese desacoplamiento se estuviese produciendo a la vez que la concentración de CO2 en la atmósfera estuviese creciendo. Sería una pésima noticia ya que podría indicar que el ser humano ya no sería quien está dirigiendo el aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera, sino que estaría siendo el sistema-Tierra a través de la activación de una serie de bucles de realimentación positivos que nos lleven, independiente de lo que hagamos las sociedades humanas, a un equilibrio climático 4-6ºC superior al actual.
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1 Hay varias formas de calcular el PIB. El que usamos es del PIB en dólares de EEUU a precios constantes del año 2010. Es un calculo del PIB corregido por la inflación. Si se calcula el PIB mundial en dólares a precios actuales (sin corregir la inflación) no se habría producido crecimiento en el periodo 2012-2016. Además, existen serias dudas de que la contabilidad del PIB no esté falseada. Un ejemplo es como en los últimos años se ha introducido en España la prostitución y el tráfico de drogas en el PIB, lo que ha contribuido que este indicador crezca desde 2008. En cualquier caso, en este artículo partimos de la base de que se ha producido un crecimiento del PIB, aunque es muy posible que no sea real.