viernes, 7 de septiembre de 2018

¿Por qué salir a la calle contra el cambio climático? ¿En serio vale para algo?

Preguntas y respuestas sobre la necesidad de actuar de manera urgente contra el cambio climático.

Los animales de zonas polares o de alta montaña son los primeros en mostrar la gravedad de los cambios provocados por el calentamiento global / Alan D. Wilson
1. ¿Seguro que está cambiando el clima? ¿No es algo natural?
Hay un consenso científico casi absoluto (por poner esto en contexto: mayor que el que existe acerca de la bondad de tomar paracetamol para el dolor de cabeza) acerca del origen humano del cambio climático. Y, dado que este cambio se ha producido esencialmente en los últimos 170 años, en realidad hablamos de un origen capitalista.
Es cierto que ha habido cambios climáticos en el pasado de nuestro planeta, y que incluso en nuestras vidas experimentamos fenómenos de variabilidad natural (el ciclo Niño/Niña en el Pacífico, que calienta y enfría el planeta cada pocos años), pero el cambio climático actual tiene varias particularidades que lo hacen diferente de lo que el planeta pueda haber experimentado antes: ningún cambio anterior ha sido así de brusco y ninguna variación climática ha amenazado con afectar tan brutalmente a tantos seres humanos (la pequeña edad de hielo de los siglos XVIII y XIX afectó a cosechas en medio planeta y provocó hambrunas, y su magnitud no fue global ni su intensidad tanta como lo que estamos sufriendo ahora).
Además, ninguna variación del clima ha podido ser atribuida a la acción industrial de forma tan clara como esta que estamos experimentando. Es indiscutible que, si no estuviéramos emitiendo gases de efecto invernadero, el planeta no se estaría calentando como lo está haciendo, ni estaríamos viendo los primeros efectos del caos climático que llevan ya años dejándose sentir.

2. ¿De verdad aún se puede hacer algo contra el cambio climático?

Sí. El cambio climático es un proceso brusco a escala geológica (nunca ha habido un cambio global de esta magnitud en tan poco tiempo, si exceptuamos impactos de meteoritos), pero eso no quiere decir que sea algo inmediato para nuestros estándares. Sus efectos se sienten más ahora que hace treinta años, pero menos que dentro de cincuenta. El calentamiento es gradual y depende directamente de la cantidad de gases de efecto invernadero que haya en la atmósfera.
Por eso, estamos a tiempo de evitar lo peor del cambio climático. El Acuerdo de París se marcó como objetivo mantener el calentamiento respecto a la época preindustrial (1850, aproximadamente) por debajo de 2ºC (e, idealmente, por debajo de 1,5ºC). Se considera que esto garantiza que se eviten los peores efectos del cambio climático (derretimiento de los polos, alteración de las corrientes marinas, aparición de efectos en cadena de consecuencias imprevisibles…), aunque hay cosas que no son ya evitables, como el aumento de frecuencia de las olas de calor y la desaparición de algunas zonas costeras y naciones insulares.
Esto, por grave que sea, no es nada comparado con lo que podría ocurrir si no actuamos inmediatamente. Es imprescindible presionar para que las naciones del Norte global, principales responsables del cambio climático, reduzcan sus emisiones y descarbonicen su economía cuanto antes, e incluso contribuyan, mediante la mejora en la conservación de ecosistemas, a la eliminación de parte de los gases de efecto invernadero que están ya en la atmósfera y el océano. Es posible avanzar rápidamente en esta dirección, pero es necesario un compromiso fuerte por parte de los Estados, y eso no va a lograrse sin una tremenda presión popular.

3. ¿Qué pasa el 8 de septiembre?

El 8 de septiembre nos ponemos en pie por el clima, con acciones en ciudades y pueblos de todo el mundo, y es que durante este mes de septiembre el futuro del clima se va a seguir decidiendo en cumbres globales al más alto nivel.
La aprobación del Acuerdo de París marcó 2018 como año clave en la lucha contra el cambio climático. Se esperaba que en la Cumbre del Clima (COP24), que se va a celebrar el próximo diciembre, se definiesen muchas de las medidas contenidas en el acuerdo, tales como la financiación, el libro de reglas o un incremento de la ambición. Sin embargo, la falta de avances durante estos tres años ha obligado a una reunión extraordinaria durante esta semana de septiembre en Bangkok. Una reunión que viene precedida por un bloqueo en negociaciones, especialmente en lo relativo a la financiación necesaria para afrontar los efectos del cambio climático. La situación de conflicto es tal que ha forzado la dimisión del director del Fondo Verde para el Clima.
A su vez, la próxima semana se celebra en San Francisco la cumbre global de acción climática, donde se espera “llevar la ambición al siguiente nivel”. En esta cumbre se decidirán medidas concretas que lleven a la disminución de las emisiones de GEI. Por desgracia, en estas negociaciones participarán de forma destacada representantes de empresas (por ejemplo, el CEO de Starbucks). La urgencia de la lucha contra el cambio climático y la relativa debilidad del movimiento puede hacer parecer deseable este tipo de colaboración voluntaria por parte de grandes compañías. Pero no podemos olvidar quenuestros intereses, los de la mayoría, nunca van a ser los de de Starbucks ni ninguna gran empresa, por muy verde que sea su envoltura.
Por ello, es necesario que la ciudadanía recuerde a los gobernantes que deben de afrontar la lucha climática de forma decidida independientemente de su costo y teniendo como principio rector la solidaridad internacional y la justicia social.

4. ¿Por qué salir a la calle contra el cambio climático? ¿En serio vale para algo manifestarse contra el cambio climático?

El movimiento contra el cambio climático no existe en nuestro país, o al menos no dispone de medios ni organización para hacerse oír. De momento. La manifestación colectiva es un primer paso en un camino que es largo pero tendremos que recorrer muy rápidamente. Según las encuestas, la mayoría de la población es consciente de que en estos momentos el cambio climático es uno de los problemas más acuciantes a los que se enfrenta el planeta y el ser humano. Es primordial mostrarlo, hacer visible esta preocupación y trasladarla a nuestros dirigentes. Los dirigentes políticos han de ser conscientes de que el cambio climático es un problema de primer orden, que afecta a toda la ciudadanía y que va a afectar, ya está afectando a nuestras vidas. Cada vez más. Y deben darse cuenta de que lo sabemos, y sabemos quiénes son los responsables.
Por ello, necesitamos que escuchen nuestras voces, y que tanto el gobierno como las instituciones se vean obligados a posicionarse claramente frente al lobby de las multinacionales fósiles y demás agentes que, dentro de este sistema capitalista, no miran más allá de sus intereses económicos. El interés por el bienestar de los ciudadanos debe ser el motor que rija las acciones de nuestros políticos. Y, si eso no es posible, al menos deben ser conscientes de que el coste político de ignorarnos será mayor que el de hacernos caso.

lunes, 9 de julio de 2018

Las emisiones de CO2 en España crecieron un 4,4% el año pasado, la mayor subida desde 2002

El avance del inventario que el Gobierno envía a la Comisión Europea indica que se lanzaron 338,8 millones de toneladas. La subida se debió, sobre todo, a la generación de electricidad a base de carbón ante la caída de la hidroeléctrica por la escasez de lluvias. España sigue incapaz de desacoplar el crecimiento económico, un 3,1% en 2017, de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Central térmica de As Pontes emitiendo.
Las emisiones en España de CO2, uno de los principales gases de efecto invernadero, crecieron un 4,4% en 2017. Es la mayor subida desde 2002, según el balance provisional que el Gobierno debe remitir a la Comisión Europea.
Este avance del informe anual indica que la escalada provino, especialmente, de la generación de electricidad debido a la mayor producción a base de carbón y la caída de la fuente hidroeléctrica. El año pasado se emitieron 338,8 millones de toneladas de CO2.
Al igual que ocurrió con los niveles de contaminación, el crecimiento económico español se vio ligado a un empeoramiento en las condiciones medioambientales. El impulso en el Producto Interior Bruto (PIB) de un 3,1% durante un curso climáticamente tan seco como 2017, ha dado el resultado de este incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero al echarse mano de las centrales térmicas para satisfacer la demanda eléctrica. 
Los gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono están en la base del proceso de calentamiento global de la tierra que provoca el cambio climático. Este fin de semana pasado se registró una temperatura de 51,3 ºC en Argelia en lo que apunta al registro "fiable", según los técnicos, más elevado detectado en África. Vuelve a subir la contaminación del aire en España, incapaz de crecer sin elevar la polución
Este balance refleja "que es necesaria una mayor penetración de las fuentes renovables a la vez que desacoplar el crecimiento económico de las emisiones", ha dicho tras conocer el inventario el nuevo secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán.

martes, 5 de junio de 2018

La NASA vive con miedo el negacionismo de Trump sobre el cambio climático

Laura Tenenbaum, extrabajadora de la NASA, asegura que se le desaconsejó utilizar el término "calentamiento global" en las redes sociales. Al personal de la agencia le preocupa que Trump recorte la financiación al trabajo de la NASA sobre el calentamiento global.

Trump muestra el Acta de Autorización de Transición de la NASA que firmó en la Casa Blanca en marzo de 2017. EFE
La producción en la NASA de información sobre el cambio climático dirigida al público se ha reducido bajo la Administración de Trump. Una antigua empleada afirma que el “miedo y la ansiedad” en la agencia han provocado una retirada en la red sobre este asunto.
Laura Tenenbaum, exdivulgadora científica para la NASA, asegura que se le desaconsejó utilizar el término “calentamiento global” en las redes sociales y se le restringió hablar con los medios a causa de su dedicación al cambio climático. VIDEO: NASA ilustra cambio climático
“El argumento de la NASA es que todo sigue igual, pero eso no es cierto”, señala Tenenbaum, que dejó la agencia en octubre tras una década de trabajo. “ Han dejado de promover y de hacer hincapié en la comunicación sobre ciencia climática. La han minimizado. A personal de la agencia le preocupa que Trump recorte la financiación a la ciencia sobre el clima. “Hay miedo y ansiedad y la consecuencia es el caos”, añade.
Tenenbaum afirma que un mes después de la proclamación de Trump comenzó un “arduo proceso de revisión” de todas sus publicaciones en Facebook, en el blog y en Twitter lanzadas desde el Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA en California.
“El departamento de comunicación me dijo que con Trump como presidente el cambio climático se había convertido en un tema delicado”, recuerda. “Había confusión sobre qué hacer ahora que tenemos un presidente que no cree en el cambio climático. Nadie sabía qué hacer. Era caótico”, añade.
Publicaciones programadas para el blog sobre centrales de carbón convertidas en plantas solares, “razones para ser positivos con la NASA”, así como una entrevista con Gavin Schmidt, un experto de la NASA en ciencia climática, se paralizaron debido a la interferencia del personal de carrera, nervioso ante la posibilidad de provocar a la nueva Administración, según Tenenbaum.

Poca actividad en redes sociales

Los datos muestran que ha habido una notable reducción en la producción de información climática de la NASA desde la elección de la Administración de Trump. Durante 2016, la NASA publicaba a menudo en su página de Facebook sobre el cambio climático, con un pico de 122 publicaciones en agosto de ese año, según CrowdTangle.
En enero de 2017, el mes de la inauguración de Trump, se publicaron 53 entradas en Facebook y desde entonces la NASA no se ha vuelto a acercar a esta cifra, con 21 entradas en marzo de este año y 31 en abril.
Esta caída en publicaciones ha resultado en una mengua de las interacciones con la gente en Facebook. En enero de 2017 hubo más de 61.700 interacciones –definidas como 'likes', comentarios y número de veces compartido– en la página de la agencia dedicada al clima. Desde entonces esta cifra se ha desplomado drásticamente, recibiendo un total de tan solo 7.000 interacciones en abril. En abril de 2016, bajo la Administración de Obama, hubo más de 100.000 interacciones.
El blog Earth Right Now de la NASA, para el que escribía Tenenbaum, también ha visto una reducción de actividad, con solo dos posts originales publicados desde la última entrada de Tenenbaum en agosto de 2017. Antes de tomarse una excedencia y posteriormente dimitir, Tenenbaum asegura que se le desaconsejó hablar con los medios y que se le ofreció otro trabajo en la agencia.
La página web y la cuenta de Facebook de la NASA sobre cambio climático siguen destacando claramente sus conclusiones, similares a otras organizaciones científicas: que el mundo se está calentando y que el nivel del mar está creciendo.
Un portavoz de la NASA sostiene que no se ha producido “un cambio de política sobre la forma de divulgar el conocimiento científico al pueblo estadounidense”. “El departamento de comunicación de la NASA no ha recibido ninguna directiva para cambiar cómo comunicamos las investigaciones de la agencia, que incluyen el cambio climático”, añade.
“La frecuencia de entradas en el blog climate.nasa.gov siempre ha variado dependiendo de la disponibilidad del personal y de otros factores, incluidos misiones (lanzamientos, expediciones sobre el terreno, etc)”, señala el portavoz.
Ha habido cierta angustia dentro de la NASA por la aversión de Trump a la ciencia climática –que previamente había calificado de “idiotez” y “fraude” inspirado por China– y el desmantelamiento de los esfuerzos de la Administración para abordar el calentamiento global.
La propuesta de la Casa Blanca de recortar la financiación al trabajo científico de la NASA, que utiliza satélites para medir la temperatura del planeta, los suelos, los incendios forestales y los fenómenos meteorológicos como los huracanes, también es un punto de debate.
Un científico de la agencia, que prefiere no dar su nombre, señala: “Algunos están nerviosos, otros rebeldes y otros siguen trabajando duro y lo aguantan”.
La NASA todavía no ha alcanzado el nivel de polémica que rodea a la Agencia de Protección Ambiental, cuyo director, Scott Pruitt, ha negado hechos clave sobre ciencia climática, ha remodelado comités científicos para incluir a más representantes de la industria y ha supervisado la eliminación de información sobre el cambio climático de su página web para someterla a una “revisión” que ha durado más de un año.
Kate Marvel, científica climatológica de la Universidad de Columbia y del NASA Goddard Institute, afirma que nadie le ha pedido que se calle. “La física no cambia por un cambio de Administración”, señala Marvel. “Mi trabajo es entender cómo funciona el planeta y seguiré haciéndolo”, añade.
Jim Bridenstine, nuevo director de la NASA y antiguo congresista republicano, ha expresado previamente sus dudas sobre la idea generalizada de que el mundo se está calentado a causa de la actividad humana. Pero aparentemente cambió su postura durante un encuentro televisado con trabajadores de la agencia a principios de este mes.
“No niego el consenso, creo absolutamente en el cambio climático y que nosotros, seres humanos, estamos contribuyendo al mismo de una forma significativa”, afirmó Bridenstine, añadiendo que el dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero. “Lo estamos soltando a la atmósfera en cantidades nunca vistas. Somos responsables de ello”, añadió.
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

lunes, 16 de abril de 2018

Trump quiere permitir que los coches contaminen más, pero lo tiene bastante complicado

El principal problema al que se enfrentan tanto fabricantes como usuarios en EEUU es que el precio del combustible es engañosamente bajo.California es uno de los estados que ha demandado al Gobierno federal por permitir un recorte de las exigencias medioambientales a la industria automovilística. Todo lo que el Gobierno de Trump ha hecho contra la protección del medio ambiente

El principal problema para los fabricantes es que la gasolina es demasiado barata EFE
La Agencia de Protección Ambiental de EEUU, EPA en sus siglas en inglés, anunció la semana pasada que iba a  derogar los estándares de eficiencia del combustible que se pusieron en marcha durante la Administración de Obama y que los remplazará por requisitos más flexibles. La EPA también ha amenazado con revocar las competencias que la Ley de Aire Limpio concede a California para imponer sus propios estándares de gases de efecto invernadero. Si lo hace, el fiscal general de California demandará a la EPA.
Esta demanda tendría un largo proceso judicial durante años y, mientras tanto, los estándares más estrictos de California seguirían vigentes. Otros 12 estados han adoptado estos estándares que, junto a California, representan un tercio de las ventas de coches nuevos en EEUU. Estándares federales más flexibles en torno al combustible no ayudarían mucho a la industria automovilística de EEUU si no se pueden aplicar a un tercio de las ventas nacionales.
La Administración de Obama puso en marcha controles más estrictos después de que el Gobierno federal se viera obligado a rescatar a la industria del automóvil. Golpeados por la recesión global de 2008 y por un repunte en el precio del combustible, los fabricantes de automóviles de EEUU, cuyos diseños eran menos eficientes que el de sus competidores extranjeros, se encontraban en una situación financiera crítica.
La industria automovilística aceptó el rescate federal y no luchó contra los estándares de eficiencia más estrictos, hasta que Donald Trump llegó a la Casa Blanca. California también aceptó dichos estándares en 2008 y ahora quiere usar la autorización que le da la Ley de Aire Limpio para mantenerlos.
La industria del automóvil ha sostenido que los bajos precios de la gasolina son el problema, pero ese no es un problema que quieran resolver. De hecho, los fabricantes de automóviles de EEUU están en camino de cometer los mismos errores que llevaron al colapso de esta industria hace una década:
La gasolina estadounidense es demasiado barata
Aparte de Rusia, ningún país desarrollado tiene los precios de la gasolina tan baratos como EEUU. El precio en Australia es el que más se acerca, aunque es un 35% más cara que la gasolina estadounidense. Los precios de Canadá son un 46% más caros y en Europa es más o menos el doble de caro.
La queja principal de los fabricantes es que no pueden cumplir con los estándares bajos porque el hecho de que el precio de la gasolina sea tan bajo está provocando que más y más estadounidenses quieran adquirir camiones y todoterrenos que funcionan con gasolina. El problema no es tecnológico: todas las grandes marcas ofrecen una gama de vehículos híbridos, híbridos que se enchufan y completamente eléctricos, pero a día de hoy solo representan un 3% de las ventas de coches en EEUU.
También es importante señalar que los precios de los combustibles de EEUU son artificialmente bajos porque no reflejan los costes asociados a los daños del cambio climático. Esto se conoce como el 'coste social del carbono', el dinero que pagan los contribuyentes para costear los daños adicionales provocados por desastres naturales intensificados por el cambio climático como por ejemplo los huracanes, las inundaciones, las sequías, las olas de calor etc.
Los economistas denominan a estos costes 'externos' porque no están reflejados en el precio de mercado de los combustibles fósiles. Poner precio a este tipo de contaminación es de manual y el  95% de los economistas apoyan tanto el precio de la contaminación del carbono así como los estándares en torno a las normas de eficiencia de los combustibles.
La solución no podría estar más clara, pero se trata de una de la que la mayoría de los estadounidenses no quiere oír hablar: la gasolina debería ser más cara.

Un impuesto al carbono como solución

Los fabricantes admiten que el problema es la demanda de los consumidores de vehículos que gastan mucha gasolina. Los conservadores, por su parte, admiten estar preocupados por la cada vez mayor deuda nacional (a pesar de haber aprobado un recorte fiscal de un billón de dólares). Los defensores del medio ambiente y los científicos quieren erradicar la contaminación del carbono. Donald Trump está preocupado por el deterioro de la infraestructura de EEUU. Los estándares más estrictos ahorrarían  1,7 billones de dólares en combustible para el año 2015: comprar coches ineficientes cuesta dinero a los estadounidenses.
Donald Trump en la cabina de un camión en marzo de 2017 al recibir en la Casa Blanca a un grupo de camioneros. BENJAMIN APPLEBAUM / CASA BLANCA
Implementar una tasa sobre la contaminación del carbono podría solucionar todos estos problemas.
  • Aumentaría los precios del combustible, lo que haría que aumentase la demanda de los consumidores de coches de bajo consumo, permitiendo de este modo que los fabricantes puedan cumplir fácilmente con los estándares más rigurosos.
  • Tener flotas de bajo consumo también protegería a los fabricantes de EEUU la próxima vez que los precios de la gasolina tengan un repunte y que la demanda de coches más económicos aumente, como sucedió en 2008.
  • Al reducir el consumo de combustible, una tasa sobre el carbono podría reducir la contaminación por carbono en EEUU, algo que ayudaría a abordar el cambio climático.
  • Se generarían enormes ingresos que se podrían utilizar de diferentes maneras como reducir el déficit, recortar otros impuestos o financiar proyectos de infraestructura.
  • O, para atenuar el impacto financiero del aumento de los precios del combustible en las finanzas de los estadounidenses, los ingresos podrían ser devueltos de manera parcial o total a los contribuyentes. Esto estimularía el crecimiento económico.
En definitiva, es el tipo de política que deberían apoyar todos aquellos que buscan lo mejor para EEUU a largo plazo. Desafortunadamente, no es lo que quieren los protagonistas de esta historia.

Un intento de pactar con el diablo

Los fabricantes de coche no abogan por un impuesto sobre el carbono porque sus modelos más rentables son camiones y todoterrenos ineficientes. Esto es lo que dijo un portavoz de este grupo de fabricantes a Los Angeles Times: "Los fabricantes necesitan vender los vehículos que los clientes necesitan hoy para financiar los cambios tecnológicos y los procesos hacia el vehículo eléctrico y autónomo que se esperan en el futuro".
Esta es una forma amable de decir que los fabricantes quieren maximizar sus ganancias a corto plazo vendiendo devoradores de gasolina. Así que, en lugar de replantearse lo anterior,  contrataron a un grupo para que presentase un informe que niega el cambio climático a la EPA y pidieron a su máximo responsable, Scott Pruitt, que negociase estándares para California menos rigurosos. El New York Times ha informado de que las negociaciones continúan de forma discreta, pero hasta el momento los comentarios de Pruitt no han sido muy alentadores.
De hecho,  la notificación de la EPA en la que se deroga el estándar fijado anteriormente ni si quiera menciona el cambio climático o la salud pública, que son los principales factores en los que se apoya la normativa. En su lugar, Pruitt simplemente recortó el estándar federal y amenazó con llegar hasta el final y revocar la capacidad de California de establecer sus propios estándares. California respondió amenazando a la EPA con llevarla a los tribunales. Los fabricantes de coches no están nada contentos con todo esto.
Pero es culpa de ellos confiar en un administrador de la EPA que saben es un títere e ideólogo de los combustibles fósiles, en lugar de defender un impuesto sobre el carbono beneficioso para todos. Este impuesto les perjudicaría a corto plazo en sus beneficios, aunque otorgaría a la industria estabilidad y seguridad a largo plazo. En cambio, es muy probable que tengan que lidiar con la incertidumbre de un proceso judicial y con los requisitos para cumplir con dos legislaciones diferentes.
Esto es lo que dijo la presidenta de la Junta de Recursos del Aire de California Mary Nichols el año pasado: "Quiero dirigirme a los representantes de la industria que están aquí para preguntarles ¿en qué estaban pensando cuando se arrojaron en brazos de la Administración Trump para que les resolviera sus problemas?".
En declaraciones públicas, las marcas de coches y las petroleras apoyan un impuesto sobre el carbono. General Motors, ExxonMobil, Shell, Total y BP son incluso miembros fundadores del  Consejo de Liderazgo Climático –un grupo dirigido por veteranos dirigentes del Partido Republicano, pero también apoyado por personalidades como Stephen Hawking, Steven Chu y The Nature Conservancy, una organización sin ánimo de lucro que tiene como objetivo implementar un  impuesto sobre el carbono neutral con respecto a los ingresos.
Sin embargo, cuando se ha presentado una legislación similar en el Congreso, las petroleras y la industria de automoción se han negado a apoyarla, y los legisladores republicanos inevitablemente la han rechazado.
En este caso, la industria de automoción trató de eludir el problema manteniendo los beneficios a corto plazo asociados a la venta de automóviles muy contaminantes. Pero en lugar de esto, se van a terminar quemando. Todavía tienen que cumplir con los rigurosos estándares de California, a pesar de la demanda relativamente baja de vehículos económicos porque los precios del combustible son artificialmente baratos. Así que tendremos que seguir esperando a que suficientes republicanos apuesten por un impuesto sobre el carbono que satisfaga a todos.
Traducido por Cristina Armunia Berges