viernes, 1 de enero de 2010

El fin de las bombillas incandescentes

Su alto consumo energético y su efecto contaminante llevarán en poco tiempo a su progresiva sustitución en todo el mundo por lámparas más eficientes

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Lunes, 28 diciembre 2009

Australia se está convirtiendo paradójicamente -no ha firmado el Protocolo de Kyoto- en un ejemplo para el resto de países en la lucha contra el efecto invernadero. Sus responsables gubernamentales confirmaron la retirada en 2012 de todas las bombillas incandescentes de su mercado para sustituirlas por lámparas fluorescentes compactas (CFL).

Este tipo de bombillas, también llamadas de bajo consumo, necesitan un 75% menos de energía para producir la misma luz que las incandescentes, lo que significa un considerable ahorro energético y una importante reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero

En la Unión Europea (UE), los planes de reducción de emisiones de GEI cuentan entre sus medidas la implantación progresiva de las bombillas de bajo consumo. A pesar de ello, Greenpeace considera insuficientes los compromisos de las instituciones europeas, abogando directamente por la prohibición de bombillas incandescentes. Según Greenpeace, la mayoría de las bombillas de los hogares europeos pierden más del 90% de la electricidad en forma de calor. Por ello, añade el colectivo ecologista, si se sustituyeran estas antiguas bombillas, se podrían cerrar 25 centrales de energía de tamaño medio, evitando la emisión de 20 millones de toneladas de CO2.

Por su parte, la Federación Europea que reúne a los fabricantes del sector está impulsando diversas medidas de eficiencia eléctrica de la UE, entre ellas la erradicación de las bombillas de alto consumo. Según el Instituto norteamericano de Políticas de la Tierra, dedicado a promover el desarrollo sostenible, si todos los países sustituyesen las incandescentes por bombillas de bajo consumo, la caída del uso mundial de electricidad permitiría el cierre de más de 270 centrales eléctricas de carbón de 500 megavatios (MW). Su presidente, Lester Brown, se muestra optimista ante las iniciativas cada vez más comunes en otros lugares del planeta.

Las autoridades de la provincia canadiense de Ontario se han comprometido también a promover la compra de modelos fluorescentes CFL. Sus responsables estiman que sustituyendo los 87 millones de bombillas incandescentes de su provincia lograrán reducir el consumo energético de 6 millones de MW/hora al año, el equivalente a la contaminación ocasionada por 250.000 coches.

En Estados Unidos, país que produce la cuarta parte del total de los gases de efecto invernadero y reacio a la firma de Kyoto, están surgiendo no obstante algunas iniciativas de gran importancia. En California, el estado más poblado, el legislador Lloyd Levine propuso la eliminación paulatina de las bombillas incandescentes para 2012.
Por su parte, el estado de Nueva Jersey pretende que los edificios gubernamentales sustituyan todas las bombillas de alto consumo para 2010, dentro de los esfuerzos para promover en todo el estado una iluminación más eficiente.

Además de las iniciativas institucionales, diversos grupos ecologistas y empresariales se suman a esta campaña para acabar con el uso de las bombillas incandescentes. Hace unos meses, diversas asociaciones ambientalistas y la corporación Philips Lighting, lanzaban una campaña para que las cerca de 4.000 millones de bombillas de todo el país sean antes de 2016 de bajo consumo. Philips, el mayor fabricante de iluminación del mundo, ha anunciado planes para interrumpir la comercialización de incandescentes en Europa y Estados Unidos antes del 2016. La mayor cadena de supermercados del mundo, Wal-Mart, se ha propuesto duplicar su venta de lámparas de bajo consumo hasta alcanzar los 100 millones para fines de este año.

Asimismo, el responsable del Instituto de Políticas de la Tierra recuerda que este cambio es también muy importante para los países en vías de desarrollo y de crecimiento rápido, como China y la India, afectadas gravemente por la contaminación del aire. En este sentido, por ejemplo, las autoridades indias tienen la intención de prohibir la venta de estas bombillas incandescentes. En opinión de Greenpeace se trata de una medida vital, dado que sólo 10 millones de las 650 millones de bombillas vendidas cada año en este país son de bajo consumo.

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