Es la eterna discusión, especialmente en los países en desarrollo: unos lo venden como la solución para la economía; otros, sin embargo, creen que es un paso más en la destrucción de la selva.
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Viernes, 8 enero 2010
El impacto medio ambiental de las represas, desde sus inicios ha concitado preocupación entre científicos bolivianos y brasileños (representantes de los dos países afectados), porque según surge de los datos del estudio realizado por estos científicos en 2006, las represas harían disminuir la velocidad con la que corre el agua, provocando cambios en la misma y deterioro de su calidad, además de impactos en los ríos más pequeños que entran en el Madera. La zona de inundación llegaría hasta Bolivia y con el tiempo el fondo del río subiría de nivel, agravando aún más el problema de las inundaciones.
Por otro lado, los cambios previstos afectarían las condiciones de vida de los pobladores de la amazonía boliviana, quienes obtienen la mayor parte de sus alimentos y sustento de los ríos y el bosque. Representantes de organizaciones e instituciones de la región norte amazónica expresan alarmados que: “estos cambios que se avecinan van a espantar a los peces y les van a traer enfermedades y muerte, y lo mismo a las aves y otros animales de los ríos y a los animales del bosque como también se afectará seriamente la recolección de la castaña y especies maderables”.
En Bolivia, aparte de la agricultura, caza y pesca, la población vive básicamente de actividades extractivas como la recolección de la castaña (Bertholletia excelsa), de la cual Bolivia es la mayor exportadora del mundo. La economía de la castaña requiere que el bosque se mantenga inalterado. En cambio la zona brasileña se destaca por una gran destrucción del medio ambiente, con la sustitución del bosque por pasturas para la ganadería y el desplazamiento, muchas veces forzoso, de comunidades que fueron a engrosar las favelas de las mega-ciudades brasileñas. El desarrollo fue para ellos pasar a ser pobres de la ciudad y para los indígenas de la región supuso en muchos casos su exterminio físico.
Los habitantes del área rural de la región amazónica cultivan en los bañados que dejan los ríos cuando pasa la época de lluvias. Las represas puestas en marcha, según éstos informes, inundarían esas zonas de manera permanente, eliminando así la base agrícola de numerosas comunidades. Por otra parte, esa inundación permanente contaminaría las aguas que utilizan para beber, trayendo mayores problemas de malaria, dengue, leishmaniosis (una enfermedad parasitaria infecciosa que afecta a la piel de perros, primates, roedores y marsupiales y que se transmite a través de la picadura del mosquito), diarrea infantil y otras posibles enfermedades, como ya ha ocurrido en Brasil con la construcción de otras represas.
Río Madera
La represa de Santo Antonio es uno de los proyectos más ambiciosos del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en el Amazonas: con una inversión de unos 8.000 millones de dólares, hace parte del mayor plan de desarrollo en la zona desde que el Gobierno militar abrió carreteras en la selva para poblar la región en los años 60.
Cerca de 10.000 obreros trabajan en la obra, emplazada sobre el río Madera, el principal afluente del Amazonas. En el mismo río, está proyectada también la represa de Jirau. El proyecto de ambas represas, sin embargo, es sólo parte de un proyecto mucho mayor, pues en los próximos años se prevé la construcción de hidroeléctricas, carreteras, gaseoductos y redes de energía, inversiones por valor de 30.000 millones de dólares (unos 21.000 millones de euros).
Xingú
El río Xingú, uno de los mayores afluentes del Amazonas, corre amplio y rápido en esta época del año. Sus aguas de color turquesa sirven de hogar a unas 600 especies de peces, entre las cuales hay varias que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta. Un dosel esmeralda de árboles cubre sus bancos, excepto en los lugares en que el hombre los ha talado con el fin de crear pastizales para el ganado. Aquí, Brasil, quiere contener una sección del Xingú para construir la tercera mayor represa en el mundo.
Llamada Belo Monte, la represa sumergiría 200 millas cuadradas de selva tropical -un área equivalente a la vasta ciudad de Madrid-, así como los hogares de 19,000 personas. Sería asimismo una de más de una docena de represas que el gobierno brasileño planea construir en los afluentes del Amazonas, el río más caudaloso del mundo.
Belo Monte sería sólo el asalto más reciente a las selvas amazónicas, que cobijan a una de cada 10 de las especies conocidas en el planeta. Stephan Schwartzman, director de política de selvas tropicales del Fondo de Defensa Medioambiental, dijo que el 18 por ciento del Amazonas, un área dos veces mayor que España, ha sido destruida desde mediados de la década de 1960.
El destino de la selva amazónica tiene enormes consecuencias, ya que la disminución de las selvas tropicales afecta la capacidad del planeta de limpiar la atmósfera de dióxido de carbono, un gas de invernadero que es absorbido por los árboles y otras plantas verdes.
Funcionarios del gobierno brasileño, sin embargo, afirman que Belo Monte y las otras represas son necesarias para encender más luces en las salas de las casas de la novena economía del mundo y crear empleos en el Brasil que se adentra en la recesión.
El impacto que tendrá Belo Monte en los indígenas que serán desplazados es un punto central para los opositores de la represa. Según la Constitución de Brasil, los indígenas tienen que “ser escuchados” cuando las represas afecten su tierra, lo cual les da potencialmente poder de veto contra las nuevas construcciones.
Los defensores del medio ambiente están organizando a los habitantes de las riberas para hablar en contra de Belo Monte describiendo cómo sumergiría sus hogares y sus tierras. Los activistas realizaron una reunión el mes pasado en la comunidad conocida entre los vecinos como Volta Grande, que se refiere a un recodo del Xingú llamado la Vuelta Grande. Euclides De Oliveira, un delgado pescador de 32 años con un bigote oscuro, escuchó en silencio mientras los activistas describían un futuro desdichado.
“Lo que ustedes han dicho me da miedo”, dijo De Oliveira cuando finalmente intervino. “Eso acabará con nuestro modo de vida”.
Los medioambientalistas hacen énfasis en que Belo Monte aumentaría los gases de invernadero a nivel global al destruir la selva tropical y liberar las reservas de metano que guarda la vegetación de los ríos. Los activistas afirman que el nivel bajo del Xingú durante la temporada seca obligaría al gobierno brasileño a construir otras cinco represas para regular el flujo del agua. Algunos críticos han llegado a decir que represas como la de Belo Monte podrían acabar convirtiéndose en “elefantes blancos” (una carga inútil y costosa) si el calentamiento global seca parte de la cuenca del Amazonas, como sugieren algunos modelos computarizados.
En lugar de construir represas, concluyó un análisis de la oficina en Brasil del Fondo Mundial de la Flora y la Fauna Silvestres, el gobierno podría cubrir las necesidades energéticas del país poniendo al día los sistemas energéticos existentes y esforzándose en el desarrollo rápido de energía eólica, solar y de biomasa. En un ejemplo, el estudio reportó que Brasil pierde el 16 por ciento de la electricidad que genera debido a un sistema de distribución viejo y defectuoso, en comparación con la pérdida de un 6 por ciento en el resto del mundo.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha ganado reconocimiento internacional por su papel en el esfuerzo porque los autos brasileños cambien la gasolina por el etanol producido a base de la caña de azúcar, un combustible mucho más limpio. No obstante, Lula ha continuado defendiendo grandes proyectos energéticos que crean empleos, destruyen la selva tropical y atraen contribuciones de campaña para su Partido de los Trabajadores de parte de grandes compañías constructoras. El mandatario ha dicho también, de manera enfática, que “el Amazonas pertenece a los brasileños”.
Lula brindó un apoyo crucial a dos represas polémicas que se están construyendo en el río Madeira, en la zona occidental del Amazonas. Belo Monte se construiría en el corazón de Pará, un estado que alberga una explosiva mezcla de colonos pobres, ganaderos, leñadores y estafadores que falsifican los títulos de propiedad de las tierras.
Tensión por el proyecto hidráulico
En el 2005, un pistolero contratado por un ranchero rico mató en Pará a Dorothy Stang, una monja estadounidense que combatía a los poderosos en nombre de los que no tienen tierras. Una señal de la tensión creada por el proyecto de Belo Monte ocurrió en mayo del año pasado en una reunión pública en Altamira, donde los indígenas acuchillaron a un ejecutivo de la compañía de electricidad. “Fue un acto terrible y deplorable”, dijo Glenn Switkes, representante en Brasil de International Rivers, un grupo sin ánimo de lucro con sede en California. “Pero define lo que está en juego, y muestra que la determinación y la resistencia de los indígenas será probablemente fuerte”.
El obispo Erwin Kraulter está siendo protegido por la policía las 24 horas debido a amenazas de muerte recibidas por oponerse a la represa y por sus choques con la poderosa asociación de rancheros. “La represa tendrá un impacto irreversible”, dijo Kraulter. El prelado abriga todavía alguna esperanza de que el gobierno no siga adelante con la represa tras reunirse con Lula el 19 de marzo y lograr que el presidente accediera a conversar con opositores del proyecto a fines de este mes.
El Estado de Rondonia es el de mayor índice de deforestación
Previsiblemente, la represa de Santo Antonio comenzará a funcionar a finales de 2011, cinco meses antes de lo inicialmente previsto. Después de diversos retrasos por ciertas disputas legales y por la obtención de la licencia ambiental, tal adelanto vendría motivado por la urgencia del Gobierno, que, con la mirada puesta en los Juegos Olímpicos de 2016 de Río de Janeiro y en un momento de efusividad de los mercados con respecto a Brasil, no puede permitirse que la capacidad del abastecimiento energético del país quede puesta en cuestión, como sucedió cuando, el pasado mes de noviembre, un apagón dejó a oscuras a buena parte del inmenso país. De hecho, el Gobierno ha declarado este proyecto como un asunto de seguridad nacional.
Para los ecologistas brasileños, la autorización de esta represa supone poco menos que abrir la puerta a la entrada a machete en la selva. Preocupan las inundaciones y alteraciones en el curso de los ríos, y las imprevisibles consecuencias que estas podrían tener en el delicado ecosistema amazónico.
Doble discurso de Lula
Este ambicioso proyecto amazónico pone en evidencia la dicotomía presente en Lula como embajador que se propone del crecimiento sostenible y líder de la lucha contra el cambio climático
El presidente brasileño llevó a Copenhague ambiciosos objetivos para acabar con la deforestación amazónica y enarboló un discurso que quería colocar a Brasil como punta de lanza de los países emergentes dispuestos a diseñar un modelo de crecimiento distinto, más verde, y basado en las energías limpias y renovables. Sin embargo, en la eterna dicotomía entre medio ambiente y desarrollo económico, y a pesar de sus manifestaciones, Lula ha apostado firmemente por lo segundo, especialmente a partir de su segundo mandato.
La salida del Gobierno de la ex ministra de Medio Ambiente y veterana defensora de la selva, Marina Silva, ilustró el giro de Lula hacia posturas que representa su candidata presidencial, Dilma Rousseff, quien aboga por el crecimiento del país dejando de lado la sostenibilidad. Y, en este sentido, el Gobierno ha alegado que infraestructuras como las represas sobre el río Madera son necesarias para mejorar la vida de los 25 millones de brasileños que viven en la región amazónica, una de las más pobres del país.
“Que no venga ningún gringo a pedirnos que dejemos morir de hambre a los habitantes del Amazonas”, dijo Lula en noviembre en la ciudad amazónica de Manaus. Es el repetido discurso de Lula, compartido por la mayor parte de sus compatriotas: que los países ricos no se inmiscuyan en cómo Brasil cuida de su selva, después de haber destruido los bosques en Europa y Norteamérica. Aunque, eso sí, Lula ha pedido ayuda internacional para financiar sus políticas en la región.
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Fuente de información:
http://geagreennews.com/not/408/polemica_en_brasil_y_bolivia_por_las_represas_en_la_amazonia/
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