Un estudio de la revista Geophisical Research Letters demuestra cómo el agujero de ozono se está cerrando lentamente. No obstante, esto implica un aumento de nubes y por lo tanto un aumento de la temperatura en la Antártida. Las consecuencias son fáciles de imaginar
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Lunes, 1 febrero 2010
Año 2065. La radiación ultravioleta (UV) que cae sobre ciudades como Washinton o Madrid causa quemaduras de sol en sólo 5 min. Simulación de lo que habría sido si los CFC no hubieran sido prohibidos. NASA
El agujero de ozono se está cerrando lentamente. La noticia podría ser el mejor ejemplo de cómo el hombre, comprometiéndose con el medio ambiente, puede lograr soluciones importantes para nuestro planeta. Cuando en los años setenta estaba claro que sobre la Antártida la capa de ozono que nos protege de los rayos ultravioleta se redujo en intensidad y tamaño, los ambientalistas hicieron una fuerte presión sobre los gobiernos de todo el mundo quienes decidieron, con el Protocolo de Montreal de 1987, destruir los CFC (clorofluorocarbonos) que, empleados en diversas aplicaciones tecnológicas, estaban destruyendo la molécula de 3 átomos de oxígeno que forman el ozono.
Lamentablemente, la iniciativa está teniendo consecuencias inesperadas que han sido puestas de manifiesto en un nuevo informe científico publicado en la autorizada revista Geophysycal Research Letters: El cierre del agujero contribuye al calentamiento global.
El agujero de ozono, de hecho, provocó la formación de nubes muy luminosas que hacían de pantalla protectora sobre la Antártida de los rayos del sol, limitando los efectos del calentamiento global provocado por los gases de efecto invernadero producidos por el hombre. “El cierre del agujero está retardando sobremanera la formación de nubes protectoras y esto acelera el calentamiento de algunas zonas del hemisferio sur, como la Antártida”, dijo Ken Carslae, científico de ciencias atmosféricas de la Universidad de Leeds y coautor de la investigación acabada de publicar.
El estudio se basa en datos recogidos entre 1980 y 2005 por el European Center for Medium-Range Weather Forecasts (Centro Europeo de Previsiones del Tiempo a Medio Plazo), que muestran que el agujero de ozono generaba vientos a elevada velocidad que transportaban sales del mar a la alta atmósfera provocando la formación de nubes ricas en humedad que reflejaban una gran parte de los rayos solares defendiendo la atmósfera sobre la Antártida del calentamiento generalizado del planeta. Estas nubes también poseían alrededor del 46% más de gotas de agua que en otras zonas del hemisferio sur.
Sigue habiendo algo de esperanza para la Antártida. “Es posible que el mismo aumento en la temperatura de la Tierra pueda crear vientos igualmente fuertes y por lo tanto dar lugar a una situación similar a la que existía con el agujero de ozono”, dijo Judith Perlwitz, de Universidad de Colorado, si bien la investigadora duda de que sean justamente esos vientos los que creen dichas nubes.
Pero si existen dudas acerca de las consecuencias del cierre del agujero de ozono, ¿hay la certeza al menos de cuándo se cerrará por completo? Lamentablemente, los últimos datos de la Organización Meteorológica Mundial son más pesimistas que las de 2002 ya que sostienen que el agujero no volverá a sus valores iniciales antes de 2060-2075 y en las próximas dos décadas el agujero de ozono se cerrará sólo ligeramente. Proyecciones anteriores vieron el cierre del agujero en 2045.
Continuará a disminuir, sin embargo, la cantidad de ozono sobre el Ártico y para esta área no está claro cuándo la situación comenzará a revertir porque todavía se dispone de pocos datos para hacer proyecciones significativas para el futuro.
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