Yo digo ¡pinos! y siento
que se me aclara el alma.
Yo digo ¡pinos! y en mis oídos
rumorea la selva.
Yo digo ¡pinos! y por mis labios pasa
la frescura de las fuentes salvajes.
que se me aclara el alma.
Yo digo ¡pinos! y en mis oídos
rumorea la selva.
Yo digo ¡pinos! y por mis labios pasa
la frescura de las fuentes salvajes.
Los pinos, Juana de Ibarbourou
El pino ha sido venerado en distintas culturas como símbolo de inmortalidad, entre otras razones por su hoja perenne. El vigor de algunas especies y su firmeza explican las antiguas creencias relacionadas con este árbol, que alcanza notable altura y longevidad, y cuya presencia, ya sea como árbol aislado o en el conjunto del bosque, es siempre imponente.
Una leyenda griega cuenta que el dios Pan tuvo un romance con la ninfa Pitis. También Bóreas, el poderoso viento del norte, la amaba, y cegado por los celos, la mató arrojándola desde una montaña. Gea, la diosa Tierra, compadecida, convirtió a la ninfa en un pino y desde entonces Pan se adorna con coronas de sus hojas y los pinos gimen y lloran lágrimas de resina cada vez que, durante el otoño, arrecia el viento del norte. En esta misma tradición, el pino estaba consagrado a Dionisos y a Atis, y relacionado con los misterios de la muerte y resurrección de estos dioses. También se le dedicaba a la diosa Cibeles porque se creía que a la muerte de Atis, la diosa, desconsolada, había ido a buscar refugio bajo el pino en el que creía que se había transformado su amado.
En el ciclo artúrico, el fin de Merlín está ligado a un pino que crecía en el corazón de la legendaria selva de Brocéliande, junto a la fuente de Barenton. Después de mil aventuras al lado del rey y de sus caballeros, el anciano druida se retira al bosque con su discípula y amada Viviana. Ambiciosa y seductora, la hermosa Viviana le irá arrancando uno a uno los ocultos sortilegios al que fuera el mago más poderoso de la tierra. Un día, al fin, le pide que le revele el último hechizo, con el que se puede encerrar a un hombre en una prisión mágica para toda la eternidad. Merlín sabe que aquella prisión está destinada a él mismo y, pese a todo, cede por amor y le enseña el sortilegio. Sin dudarlo un instante, Viviana lo hechiza encerrándolo en un maravilloso palacio, en el interior de un pino, en el que permanecerá al margen del mundo hasta el fin de los tiempos. Cuenta la leyenda que, al verse prisionero, Merlín profirió un terrible grito, el famoso baladro de Merlín, y desde aquel día nadie ha visto ni oído al viejo mago, que venció en mil batallas y sucumbió al amor.
Desde Siberia hasta la península Ibérica, y en el extremo norte del continente americano, el pino silvestre forma inmensos bosques que ocupan las montañas y regiones más inhóspitas. Se reconoce fácilmente, entre las diversas especies de pinos, por el color anaranjado de su corteza en las ramas y partes altas. Tiene una gran capacidad para colonizar terrenos secos y fríos, y debido a su rapidez de crecimiento, se cultiva a gran escala para obtener su preciada madera, pero también se le encuentra formando bosques silvestres. En este último caso, convive con arces, tilos, abetos, robles… y forma rodales más o menos puros. Como buen colono, es capaz de cubrir eficazmente suelos secos, desnudos, quemados y degradados, creando un bosque que facilitará la llegada de especies más exigentes. Pero en la montaña, su resistencia al frío le permite establecerse y mantener un dominio duradero, ocupando laderas muy pendientes y evitando con su presencia la erosión del terreno.
Se reproduce con facilidad a partir de las semillas que guardan sus piñas. Se abren éstas poniéndolas al sol y se siembran en otoño, a plena luz, cubiertas con una fina capa de tierra.
Usos de la madera y de las piñasSu madera tiene propiedades desiguales que dependen, entre otras cosas, del origen y del genotipo. Algunas son muy apreciadas para carpintería de construcción y para muebles y toda clase de estructuras. También se construyeron barcos, desde la antigüedad, con este material. Como leña es excelente y sus piñas se recogían tradicionalmente para encender el fuego y son un buen higrómetro, puesto que se abren en tiempo seco y se cierran cuando aumenta la humedad atmosférica.
Las yemas tienen propiedades sudoríficas, así como diuréticas, y se emplearon en el pasado especialmente para aliviar afecciones respiratorias en forma de aromáticas y agradables tisanas. Por último, de éste y otros pinos se extrae la resina, la esencia de trementina, la colofonia y otros productos.
por Ignacio abella
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